<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121</id><updated>2011-10-04T19:16:41.022+02:00</updated><category term='relato'/><category term='novela'/><category term='cuento'/><category term='fragmento'/><category term='breve'/><category term='poema'/><title type='text'>El Cuento Nuestro de Cada Día</title><subtitle type='html'>En el horizonte de mi vida, tan sólo un árbol y una sierra...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>31</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-147922439763387861</id><published>2011-06-03T12:50:00.000+02:00</published><updated>2011-06-03T12:50:34.738+02:00</updated><title type='text'>Un mal día</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-hLBYDlW4c-o/Tei8O8MPeTI/AAAAAAAAAKQ/xmSVEhAcWw4/s1600/jumo.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-hLBYDlW4c-o/Tei8O8MPeTI/AAAAAAAAAKQ/xmSVEhAcWw4/s320/jumo.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Terminó de separar las rayas con la navaja y luego depositó en tres pedazos de papel de fumar las porciones correspondientes. Lo había hecho con gran meticulosidad y asegurándose de que nada se perdiera. Luego limpió la cartera con el pantalón, se la guardó en el bolsillo y salió de la furgoneta. Se papeó la suya. Fuera había una bulla de la hostia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-Estaremos donde Roger. Nos vemos luego -dijo, tendiéndome un par de bolitas para que yo las recogiera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Vito sonrió, y luego echó a andar calle abajo. Iba alisándose los pantalones mientras caminaba. A mi alrededor continuaba el bullicio. Olía a humo y a comida, a vino y gasolina. A puta gente. Escandalosa. Dando vueltas en torno mío hasta el hartazgo. Me miré la mano y separé una de las bolitas con el pulgar. La otra fue a parar directamente al agujero negro de mi boca. La tragué ayudado por la cerveza que Susa me tendía. Luego le pasé su parte a ella. Tony seguía en el puesto atendiendo a la peña. Ajeno a todo. Pasando de todos. Había veces en que pensaba que el chaval no tenía las facultades mentales al completo. Esa noche era una de ellas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-¿A cuánto te lo ha dejado? -me preguntó Susa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-Lo que tenía: un par de talegos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Susa sonreía beatíficamente. Se encasquetó su bola con cerveza y luego pasó rozando la mesa del puesto. Tony no pareció darse cuenta, a pesar de que casi tumba la parada. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-En dos o tres horas esto va a estar insoportable -dijo Susa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Eran las once de la noche y ya estábamos otra vez pelados. Acabábamos de invertir todas nuestras ganancias en aquella mierda. Apenas si había comenzado a salir la peña. Un par de tíos parecían muy felices de ver cómo sus botellas se petaban contra el asfalto, estallando en un millón de esquirlas peligrosas. Más abajo, en un corro lleno de ojos expectantes, tres morenos le daban un aire nuevo a la calle con percusiones de selva. Frenéticos. Eran como una postal llegada desde la otra punta del planeta. A lo largo de la calle, a ambos lados, un par de filas de puestos se repartían los huecos libres que quedaban entre bares y portales. Susa surgió como de la nada. De debajo de la mesa del puesto. Traía un par de tiras de cuero entre los dedos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-Alguien ha visto el sacabocados?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Tony la miró y levantó el brazo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-¿Te suena? -dijo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Tenía la herramienta entre los dedos y la estaba utilizando. Luego bajó los ojos para seguir taladrando el frontal de un bolso. Le quedaba para un buen rato. Susa comprendió que iba a resultar inútil pedírselo para rematar una pulsera que había dejado a medias antes de lo de la raya. Entonces me propuso que fuéramos adónde el Roger. En realidad me tocaba la polla. No tenía putas ganas de trabajar esa noche tanto tiempo como para darme por satisfecho con el resultado. Me encogí de hombros y nos movimos. Presentía que el espid comenzaría de un momento a otro a hacer su jodido efecto. Y quería que eso ocurriera con un vaso de algo entre los dedos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-Te dejamos al mando, colega -dije al pasar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Tony no contestó. Pensé que ya estaba acostumbrado, pero la verdad era que lo que estaba haciendo le comía por completo todas sus neuronas y la capacidad de respuesta. Al final de la calle estaba el Roger. Un garito deprimente para mentes deprimibles como las nuestras. Con él se acababa la acera y comenzaba un descampado triste, arrasado, lleno de socavones milenarios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Susa entró primero. Al fondo se veía un equipo de música tras una barra destartalada. Dos luces mortecinas pendían de cadenas llenas de oxido. Atrás de todo, la botellería. Éramos las únicas almas en todo el garito, y esperamos. A que por alguna parte asomara el dueño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Pero no sucedió nada. Cinco minutos más y Susa llamó en voz alta. Otros cinco, y le dije lo poco que me gustaba aquello a Susa: acababa de ver la caja registradora vacía y abierta. Otros cinco minutos y tanto Susa como yo salíamos con los bolsillos petados de botellas y tabaco. En poco menos de un cuarto de hora regresábamos con todo aquello de vuelta en el puesto. Desde donde vimos aparecer al Roger y al Vito sudorosos y agitados. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-No os lo vais a creer, pero le acaban de dar el palo al Roger no hace ni media hora -nos contó Vito, una vez se sentó con nosotros en el puesto. -Eran dos rapados con un pincho, pero los trincamos un poco más abajo del semáforo. Quince tíos dándoles hostias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Ni Susa ni yo dijimos nada. Tony a lo suyo. La gente, cada vez más espesa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-¿Y esto?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;Vito señalaba las botellas y el tabaco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;-Nah -dijo la Susa-; un colgao, que por lo visto le sobraba la guita. ¿Te he contado alguna vez que un tío me dijo un día que nunca había que dejar pasar de largo las oportunidades?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-147922439763387861?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/147922439763387861/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=147922439763387861' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/147922439763387861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/147922439763387861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2011/06/un-mal-dia.html' title='Un mal día'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-hLBYDlW4c-o/Tei8O8MPeTI/AAAAAAAAAKQ/xmSVEhAcWw4/s72-c/jumo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-224170093595119724</id><published>2011-02-21T12:45:00.000+01:00</published><updated>2011-02-21T12:45:51.834+01:00</updated><title type='text'>Cualquier Día de Estos</title><content type='html'>&amp;nbsp;&lt;span style="font-family: Verdana,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-RY5Y_3gUYm4/TWJQVvj_35I/AAAAAAAAAKM/lkf9P0MDJPM/s1600/4.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-RY5Y_3gUYm4/TWJQVvj_35I/AAAAAAAAAKM/lkf9P0MDJPM/s320/4.jpg" width="266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Verdana,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt; &amp;nbsp;Ya lo sé. En teoría no hay nada como estar en casa en días como éste. Cualquiera sabe eso. Cualquiera con dos dedos de frente estaría de acuerdo conmigo. Pero ella no era cualquiera. Para ella era mas importante salir a la calle aunque diluviara que estarse la tarde entera y parte de la noche viendo tele y sin estar en medio de todas las fiestas. En medio de todas las reuniones de todos los bares que quedaran abiertos a partir de las tres y media de la mañana un martes cualquiera. Ya me entiendes: una puta manera como otra cualquiera de andar tocando las pelotas a la gente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;¿Que cosa realmente mala podría haber hecho yo para merecer el castigo de una persona como ésta?, recuerdo que pensé antes de salir, antes siquiera de coger mi chupa al vuelo y franquearle a ella el paso. ¿Se trataba de alguna mala acción de una de mis vidas anteriores? Suponía que no. Suponía simplemente que habría que hacerse a la idea de estar en una de esas barras trasnochadas llenas de trasnochadores, sin nada mejor que hacer que vaciar vaso tras vaso de algo parecido a la ginebra y asintiendo de cuando en cuando a lo que Mi Linda Flor sugería que podríamos hacer a la semana que viene, para buscarnos la vida. Casi siempre algo referente a la farlopa, o al jamaro, o a unos gramos de mierda mal pesada y cortada mil veces con anterioridad a su llegada a nuestras manos. Como desde un precipicio, ella contemplaba el vacío de su precognición y auguraba un destino feliz para nuestro barco, una llegada a puerto gloriosa y acompañada de un buen fajo de billetes. La realidad era muy otra.&lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Siempre que me embarcaba con ella en alguno de sus proyectos milagro, sabia muy bien que estaba condenándome al fracaso. A la retirada ignominiosa del lugar de la batalla con un reguero de destrozos y desperdicios que limpiar a la mañana siguiente. Y porque era yo el encargado de recoger los trastos, me sabia al dedillo la cantinela de sus escusas luego. Mi amor, me diría, sabes que yo no consumo, mi vida, que los negocios son los negocios y que, además, son lo primero, lo único que importa. Lo que pasa, me diría, es que esto ya no vende, hubiera sido mejor invertir en MDMA porque todos los pijos lo están consumiendo a manos llenas. Y me diría: ¿sabes lo que vamos a hacer para la semana que entra? Y yo asentiría en silencio haciendo como el que escucha, vaciando la mitad de mi vaso de un trago y presintiendo nuevas andanadas de hostias para guardarle a ella las espaldas de su nuevo fracaso, cuando me viniera de nuevo con el cuento tantas veces escuchado y aprendido de memoria. &lt;/span&gt;&lt;br style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;" /&gt;&lt;br style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;" /&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;¿Que porque no la dejaba? Sencillamente, follaba como los ángeles. Pero ésa es ya otra historia. Colega.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-224170093595119724?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/224170093595119724/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=224170093595119724' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/224170093595119724'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/224170093595119724'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2011/02/cualquier-dia-de-estos.html' title='Cualquier Día de Estos'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-RY5Y_3gUYm4/TWJQVvj_35I/AAAAAAAAAKM/lkf9P0MDJPM/s72-c/4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-4389906810532436290</id><published>2011-02-01T13:02:00.001+01:00</published><updated>2011-02-01T13:04:37.330+01:00</updated><title type='text'>Soledad</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TUf2ORGvc5I/AAAAAAAAAKI/pqgegtLbiyo/s1600/3.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TUf2ORGvc5I/AAAAAAAAAKI/pqgegtLbiyo/s320/3.jpg" width="317" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Atravesé la calle. Nada podía evitar que te siguiera hasta tu casa. Decidí que ya no me importaba si me descubrías o no. Pero quise hacerme invisible todas aquellas veces que tú te dabas la vuelta para observarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque te girabas de continuo. Quizá dudando de que mi trayecto a tu espalda fuera fortuito. Casualidades que la vida se encarga de hacer creíbles, aunque sean por todo lo demás tan sólo eso: casualidades. Cuando por fin llegamos al parque (tras de ti iba observando las farolas mortecinas) me detuve un momento para mirar cómo te perdías entre los coches, que seguirían aparcados en sus respectivos estacionamientos hasta que alguien los reclamara a la mañana siguiente. Nunca supe (ni sabré) si ese gesto furtivo que me dirigiste era o no para animarme a que te siguiera. Mi amor, a veces hay que ser mucho más explícito. No basta con una sonrisa fugaz para atrapar a una persona. No bastan dos palabras en una cafetería del centro para que esa persona, hasta hace muy poco un perfecto desconocido, pierda la compostura y lo deje todo para salir tras de tu rastro. Pero estabas tan hermosa a la luz incierta de las farolas, que yo no tuve más remedio que seguirte hasta el mismísimo portal de tu santo domicilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sabía que la puerta estaría abierta. La escalera, a la izquierda, al final de pasillo tan oscuro (porque nunca se me ocurriría prender luz alguna) subía peldaño a peldaño hasta tu casa. Los devoré de dos en dos, angustiado porque pudiera perderte en ese laberinto que tú dominabas a la perfección, lleno de recodos luctuosos marcados por el taconeo de tus pasos. ¿Sabes, mi vida?, yo podía oír perfectamente claro el rumoroso sonsonete de tu falda. El clamoroso desfile de tus brazos, balanceados a cada lado de las caderas que imaginé, en ese justo y preciso momento, hambrientas de sensaciones. Presentí que si duraba todo aquello mucho más, mi corazón no lo soportaría; y se tronzaría en mil pedazos en pos de tu recuerdo. Pues te olfateaba en cada descansillo, en cada recodo de la escalera aquella tan angosta, tan terrible, tan desierta. Pero la paciencia tiene siempre una recompensa. Y la mía fue no sentir más tus pasos por la galería que se truncaba frente a una puerta. Ya que aquello significaba que todo estaba a punto de acabarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, la puerta de la entrada a tu guarida estaba entreabierta también; y por ella me colé sin apenas hacer ruido. Un corredor más estrecho que el que nos había traído hasta allí se intuía por el centro de la casa, hasta perderse después de algunos metros por un recodo que ocultaba, al fondo, una ventana. Una claridad rosácea se filtraba por alguna parte. Cosa que me proporcionó la seguridad necesaria para que lo recorriera sin tropezar con mueble alguno. Ya lo sabía: tu cuarto estaba al final de todo. Como al final del mundo. Escondido. Agazapado. Recóndito. Recorrí esos pocos metros con el pecho desbocado. Y allí, bajo la luz amarilla de un flexo, estirada por completo entre las sábanas, ronroneando como el gran gato que eras, tu cuerpo, tus ojos, el hueco de tu pubis me recibieron como al viajero que regresa, mi amor, desde tan lejos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ocurre siermpre lo mismo: horas más tarde despertaré a la cruda luz de la mañana. Oloroso a sudor tabernario. Con la boca agrietada por la resaca. Rodeado por mis trastos. En el vientre, solitario, de mi cama. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-4389906810532436290?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/4389906810532436290/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=4389906810532436290' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/4389906810532436290'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/4389906810532436290'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2011/02/soledad.html' title='Soledad'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TUf2ORGvc5I/AAAAAAAAAKI/pqgegtLbiyo/s72-c/3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-1655662308895581643</id><published>2011-01-06T20:04:00.001+01:00</published><updated>2011-01-06T20:06:03.044+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><title type='text'>Nocturno</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TSYR71nRUBI/AAAAAAAAAKA/QRBUeN17Izs/s1600/8.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="198" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TSYR71nRUBI/AAAAAAAAAKA/QRBUeN17Izs/s200/8.jpg" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ﻿Aflora el lago por el norte. Como de la nada. En una cuesta de piedra que termina justo en una caída a pico desde la cima de&amp;nbsp; algo que se parece al prepucio de un gigante. Luego discurre el agua ya empantanada entre dos hileras de arboles extraños, arboles que parecen sacados de alguna película de misterio, por un campo inundado que desde lejos y vagamente es un campo de&amp;nbsp; dedos que imploran hacia el plomo insulso del firmamento. Después de varias quebradas, y siempre sin dejar la pendiente que trae desde el principio, desaparece la lengua de agua por una grieta y ya no se la vuelve a ver más. Aunque bajes por el farallón que separa esa zona de la planicie que arranca desde la base cuarcítica y se pierde en la distancia. Y eso es todo. Luego ya no hay nada. Piedras, polvo y cansancio de siglos. Pero estoy ya en casa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Siempre que vuelvo, me detengo sobre esta misma piedra. Y contemplo los milenios de solapado trabajo del agua. Exploro cada recoveco y cada grieta horadada que se va formando en el lecho de esa agua silente que parece estremecerse mas que andar a trompicones por los canchos de granito. Me paro aquí mismo y observo mi reflejo en la transparencia nunca en reposo. Hasta que me canso y entonces emprendo de nuevo la marcha. Hacia abajo, siempre hacia abajo. Hacia donde se que puedo por fin entrar a esta especie de caverna.&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No es fácil orientarse por este laberinto. Todos los rincones se asemejan. Todas las direcciones parecen la misma, y, no obstante, con un poco de atención y algo de detenimiento, podría cualquiera desentrañar el misterio de esta madeja. O quizá cualquiera no. Quizá lo que haya que tener sea ese poquito de paciencia y esta especie de mapa que llevo tallado a fuego en alguna parte por el interior de mi cabeza. Y aun así es fácil que una galería se te escape, o que una sombra te confunda. Al final todo se reduce a lo mismo. No es complicado. Pero la resolución a veces te retrasa el tiempo justo para oír el repiqueteo del peligro en las simas tenebrosas que atravieso. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Es muy fácil imaginar que tengo alguna especie de compañero que a saltitos avanza entre las sombras, acompasando la cadencia de mis pasos resonando por la galería. Simulando simas emboscadas en medio de mi trayectoria. Atrayéndome sin remedio a la hecatombe. Descomunal caída. En silencio. Dando manotazos en las aristas de las rocas. Machacado finalmente contra el suelo treinta metros mas abajo. Pero es solo una presencia. Dudosa. Una intangible amenaza que parece dispuesta a saltar sobre tu espalda a poco que te detengas. Por lo que es de obligado cumplimiento la pronta salida de este tramo. Y no muy lejos, virando poco a poco sobre el eje de un saliente, la luz, como venida del interior de mi persona, me reclama hacia la izquierda, para dar un salto y que pueda caer de manos sobre esta especie de musgo cuasi fosforescente que tapiza por aquí cada una de las piedras. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Suena algo. De repente. Un ruido amortiguado como de pasos. Raspar de uña. Golpe algodonoso que sustrae a mi oído su procedencia. Pero sé lo que lo produce. Sé el pataleteo desesperado por llegar hasta donde yo estoy, parado, cansado por la noche tan dura que acaba de terminarse, pero satisfecho. Con una gran pieza de carne sanguinolenta colgada del belfo. Porque lobo soy. Y vengo de caza.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-1655662308895581643?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/1655662308895581643/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=1655662308895581643' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/1655662308895581643'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/1655662308895581643'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2011/01/nocturno.html' title='Nocturno'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TSYR71nRUBI/AAAAAAAAAKA/QRBUeN17Izs/s72-c/8.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-147851881115432353</id><published>2010-12-01T13:19:00.000+01:00</published><updated>2010-12-01T13:19:56.693+01:00</updated><title type='text'>Pasos</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TPY9V8kyw7I/AAAAAAAAAJ0/LWK2mcP09xE/s1600/the_middle_by_Kosmur.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TPY9V8kyw7I/AAAAAAAAAJ0/LWK2mcP09xE/s1600/the_middle_by_Kosmur.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comienzo a bajar las escaleras con un paso tranquilo que no es &amp;nbsp;mío. Es también tuyo. Y de todos los que estábamos en la Cuarta Galería el día en que ajusticiaron al Nono.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Ahora sé que el corredor estará desierto y que, por lo tanto, desde la puerta nadie podrá verme todavía. Pero tras tantos años siempre de lo mismo, ya no puedo estar seguro de estas cosas. No obstante, cuando enfilo por el pasillo veo una luz al fondo, que proyecta una especie de sombra a lo largo de toda la galería. No hay nada ni nadie más. Yo, solo, y mis pasos que se amortiguan sabiendo como saben que muy pronto se acabará este trabajo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Cerca del primer piso doblo hacia la izquierda. Siento frío. Es un pequeño escalofrío inevitable porque tras aquella puerta que parece mirarme descorazonada mataron a golpes a mi amigo Teo. El silencioso y estrecho pasillo no parece tener final, y a través de su infinita negrura avanzo hasta la entrada misma de la luz, que prende de una farola por detrás de las rejas con ventanas. A mi alrededor todo fue un inexpugnable fortín en otro tiempo. Un halo de negrura me trae el recuerdo de aquellas horas, meses, años allí encerrado. Todos los segundos pasados allí me abruman; pero no impiden que prosiga mi camino presintiendo desde la espalda las quejas que allí se profirieron no hace en realidad tanto. Sé que ya no queda mucho para alcanzar el tope de este laberinto como una jaula. Y que no muy lejos prevalece la soledad del aire libre en el campo casi amanecido, donde las amapolas que desde siempre he venido imaginando a través de los barrotes de mi celda ahora crecerán por todas partes.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y entonces pienso en tí, Rosa. Como entonces.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Veinte años atrás (hace verdaderamente tan poco) te vi por vez primera en una de esas sesiones que sólo llegaban a producirse los sábados por la mañana. En realidad cualquiera de esos sábados asquerosos que no se terminaban nunca porque yo nunca tenía visitas de esa índole. Todos los internos hacíamos cola en el pasillo y esperábamos a que entrara alguien que quisiera "hablar" con nosotros. Los afortunados que sí tenían compañía subían entonces con su pareja las escaleras que llevaban a la planta de arriba. Solo unos pocos nos quedábamos allí abajo contemplando cómo se perdían las parejas trenzadas por la cintura. En realidad no me hubiera importado seguir de aquella guisa la vida entera, pero todos sabíamos lo que pasaba después de aquellas aceleradas visitas cara a cara. No era ningún secreto de donde procedían aquellas barras anchas y alargadas con un olor tan denso, aquellos polvos blanquecinos que aparecían y desaparecerían en un abrir y cerrar de ojos durante toda la semana, las jeringuillas limadas una y mil veces sobre la superficie de un raspador de fósforos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo sé que me viste allí parado, como cada día esperando nada. No sé por qué te paraste a tu vez delante de mí y me pediste que subiera. Pero lo hiciste. Era una invitación a la que nadie podría resistirse. Ni todos los cacheos del mundo hubieran podido encontrarte aquello que se introducía tan dentro de ti y que yo recogí entre mis dedos apenas lo sacaste antes de que me pidieras que te cabalgara, que te inundara como se inunda un valle tras la temporada furiosa de lluvias. Ni que decirte tengo que yo no me lo esperaba en absoluto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y después de aquella, todas las otras veces.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El pasillo se agota y ahora camino por un laberinto de recuerdos. No exclusivamente tuyos. No exclusivamente míos. No exclusivamente nuestros. Están demasiado rotos como para que nadie los reconozca. Y, sin embargo, así son los recuerdos: trozos inconexos de vivencias que poco a poco se difuminan, se ablandan, se distorsionan porque la distancia se hace poco a poco infinita. Como esta galería. Como todas estas ventanas que se van quedando a mi espalda. Como tu recuerdo, mi vida, amor mío.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde este recodo persigo la salida. Y desde este otro llego hasta la sala en donde desde siempre te he estado esperando. Pero ya no hay luces ni escándalo de gente. Es curioso, pero cuando paso cerca del comedor lleno entonces de banquetas y mesas corridas, de olores añejos y picantes, de desavenencias solventadas en silencio, me entrego más a la vida transcurrida entre estas rejas, en este gran rectángulo preñado de desesperación en donde me condenaron a muerte. En donde un ya lejano día cumplí mi condena. Y es extraño que todo permanezca tan silencioso. Que no se mueva una mosca. Que los musgos se coman ahora las paredes antes tan inaccesibles. Es extraño que sólo haya un alma vagando estas deshechas galerías, completando esta ronda infinita que tras el ajusticiamiento, cada noche, se repite. Desde hace tantos y tantos y tantos años que ya apenas si recuerdo otra cosa que tu bendito rostro entre las sombras.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-147851881115432353?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/147851881115432353/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=147851881115432353' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/147851881115432353'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/147851881115432353'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/12/pasos.html' title='Pasos'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TPY9V8kyw7I/AAAAAAAAAJ0/LWK2mcP09xE/s72-c/the_middle_by_Kosmur.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-7322471136029053118</id><published>2010-11-14T19:18:00.000+01:00</published><updated>2010-11-14T19:18:44.354+01:00</updated><title type='text'>Fantasmas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TOAn7mCFu0I/AAAAAAAAAJw/1ZNp6W642Vg/s1600/overdose_by_groundblood_by_Kosmur.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TOAn7mCFu0I/AAAAAAAAAJw/1ZNp6W642Vg/s320/overdose_by_groundblood_by_Kosmur.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya se lo dije el otro día. ¿Pero quiere que se lo cuente de nuevo? Muy bien. A veces las palabras valen más, muchísimo más que cien mil imágenes juntas. Escuche:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La habitación estaba vacía y cubierta de una fina capa de polvo blanquecino, lo cual le daba un aspecto lunar y casi fosforescente. Yo me encontraba en uno de los rincones creo que buscando alguna cosa. Alguno de esos trastos que se amontonan siempre en todos los desvanes. Entonces pude verlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A varios metros de distancia, a contraluz porque por esa parte se encuentra la única ventana que da a la calle en la buhardilla, como flotando suspendido en el aire su rostro, sonriente, me miraba. Y en su mano observé de pronto el fulgor de un objeto metálico y chato: era una navaja de afeitar igual a la que yo andaba buscando y tenía en ese &amp;nbsp;instante entre las manos. Apenas resultaba visible su rostro entre las telarañas, a causa de la poca luz que había, pero, no obstante, pude discernir todas y cada una de sus facciones: sus rasgos tenebrosos, el matiz de la mirada con que me acechaba, el color terrible de sus ojos inyectados en sangre e hinchados como si no hubiese dormido en mucho, muchísimo tiempo. Como si algo así de trivial a "él" no le hiciera falta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apenas si tuve tiempo para bajar de dos saltos la escalera y llegar a la seguridad de la luz en la salita, dos pisos más abajo, en donde me miré de reojo al pasar frente a un espejo. Y tan sólo por un instante volví a verlo a "él", mirándome quieto por detras de mis temblores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces rehice el camino hasta la buhardilla, ya calmado. En el rincón en donde había estado esa presencia se alzaba ahora un espejo de media luna. Formaba parte de un armario, destartalado bajo la capa de polvo que por allí flotaba como fosforescente, como llegado desde otro planeta para aposentarse allí exprofeso. Comprendí al instante que tengo que descansar más, doctor. Qué sé yo. Dormir unas cuantas horas, de vez en cuando.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-7322471136029053118?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/7322471136029053118/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=7322471136029053118' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/7322471136029053118'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/7322471136029053118'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/11/fantasmas.html' title='Fantasmas'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TOAn7mCFu0I/AAAAAAAAAJw/1ZNp6W642Vg/s72-c/overdose_by_groundblood_by_Kosmur.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-522455205133736321</id><published>2010-10-28T09:48:00.000+02:00</published><updated>2010-10-28T09:48:27.604+02:00</updated><title type='text'>Por ahí fuera (5) (fragmento)</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Tahoma, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Tahoma, sans-serif;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TMkqjhLjw3I/AAAAAAAAAJs/j7YJXAFTM3o/s1600/lunadetalle.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="247" src="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TMkqjhLjw3I/AAAAAAAAAJs/j7YJXAFTM3o/s320/lunadetalle.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;¿Qué pretendíamos conseguir actuando de la manera en que actuábamos? ¿Para qué empeñarse en algo que estaba ya decidido de antemando? En esa vida tan absurda, Marta, jamás sabrás que este libro existe. Porque tu vida está tan lejos de esta realidad de ahora que apenas tienes en cuenta algo que no es estrictamente necesario para que te rediman todos los posibles desenlaces.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Pero también podría preguntarme: &amp;nbsp;¿qué cosa fue lo bastante absurda y fuerte como para unirnos aquella tarde? &amp;nbsp;Los destinos vienen ellos solos, Marta. Ellos nos eligen como elegimos nosotros la fruta que nos apetece antes de cada comida. Sólo que nos parece que somos nosotros los electores de esa variedad de circunstancias que nos acaban definiendo. Todos somos un cúmulo de cosas, términos ambiguos en las relaciones que establecemos con la vida. Nos define, por ejemplo, la manera en que cogemos las tostadas; el sólo hecho de decidir que tenemos hambre nos está confiriendo una última oportunidad para decir a los demás cómo somos realmente. Un vegetariano nunca será como un carnívoro, porque esa capacidad de elección se ha hecho manifiesta, y nos distingue entonces. &amp;nbsp;Cada pequeña elección que llevamos a cabo nos introduce en un molde que se forma en el momento exacto en que decidimos. Y ese molde no es rigido, Marta, sino que se alabea a la par que nosotros variamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Tengo fijación por los caminos. Eso es algo evidente. Pero tengo miedo también. Un terrible miedo a la elección de una ruta porque es probable que me confunda siempre. &amp;nbsp;Porque algunas personas tenemos esa característica. Quién sabe si al estar aquí recordándote no esté también principiando tu destino. &amp;nbsp;Puedo imaginar que ese destino sea trágico, pero también puedo hacerlo más factiblemente equidistante de mí como mis recuerdos lo están de lo real, de lo vivido. Tengo fijación por los caminos, y eso es todo lo que importa. Mi fijación se define porque siempre hablo de esas cosas; siempre estoy tratando de imaginar qué hubiera pasado si a última hora hubiésemos escogido una ruta diferente. Nadie, ni nosotros, Marta, podría llegar a saberlo nunca. Sin embargo, elegimos esto, este final. &amp;nbsp;Elegimos no elegir y que todo se fuera yendo por el desagüe de la vida. Por el inodoro de esta perra existencia. Podría elegir ahora recordarte enfrente de mí, bañando ese pedazo de vida que entre los dos habíamos decidido traer al mundo. Y luego enjugando el agua sobrante que se ha caído hasta el suelo de la cocina. Puedo ver cómo cambias los pañales a Luna, cuando hace falta hacerlo, y no puedo imaginar una suerte diferente para nuestros dos caminos que la que al final nos advino. Porque esa cosa llamada destino estaba presente entre los dos desde antes de que nos conociésemos. En aquellas noches ya estaba fraguándose ese final que, sin embargo, nos cayó por sorpresa, aunque avisaba tenuemente cada día trascurrido. Desde el principio, Marta, estaba escrito lo que estoy escribiendo ahora. A veces siento la terrible desolación del predestinado. El increíble malestar del que está avocado a repetir una y mil veces la misma cosa. Y presiento que también tú sientes eso que digo, que por las noches, desde tu condena, observas como yo el brillo de la ausencia, la certidumbre que ha de hacernos desechar un comentario para subrepticiamente introducir otro más acorde con las actuales circunstancias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Y puede que no sea así en absoluto. &amp;nbsp;Puede que esto que digo me lo esté inventando en este momento para justificar esa ruptura. Pero las normas permanecen, amor, porque sino ¿adónde íbamos a ir que no fuera a este sitio, a esta parte del planeta? &amp;nbsp;Estaba escrito, Marta, y yo tan sólo acabo de ponerlo en estas lineas (párrafos que nunca has de leer) para que nadie más tenga nunca constancia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-522455205133736321?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/522455205133736321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=522455205133736321' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/522455205133736321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/522455205133736321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/10/por-ahi-fuera-5-fragmento.html' title='Por ahí fuera (5) (fragmento)'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TMkqjhLjw3I/AAAAAAAAAJs/j7YJXAFTM3o/s72-c/lunadetalle.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-1091785834296517293</id><published>2010-10-04T12:07:00.000+02:00</published><updated>2010-10-04T12:07:27.860+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><title type='text'>La carta</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TKmmmkpG9CI/AAAAAAAAAJo/55m4-dKmBdM/s1600/Emerald_Nova_by_archanN.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TKmmmkpG9CI/AAAAAAAAAJo/55m4-dKmBdM/s320/Emerald_Nova_by_archanN.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;El 15 de febrero a las 8,45 en punto, Sonia Rivas Bustamante bajó las escaleras de su casa en el numero cuatro de Gómez Becerra hasta la portería para recoger su correo diario. Había dormido mal y se le notaba trasnochada por las telarañas de un vaporoso sueño sin descanso. Todavía no había desayunado. Le gustaba hacerlo con la correspondencia del día anterior sobre la mesa, e ir despachando cuestiones según su grado de importancia. Ese era uno de aquellos placeres que llegan y se instalan sin apenas conocimiento por parte del interesado, como los virus en windows. A propósito, dejaba el buzón intacto cuando regresaba del trabajo pasadas las once de la noche; y por la mañana, con impaciencia de enamorada no correspondida, demoraba más tiempo del necesario en el baño para que la sorpresa fuera luego más intensa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;A menudo lo único que recibía Sonia eran facturas y extractos bancarios, publicidad, a  lo sumo folletos no solicitados ofertando algún producto que no iba a necesitar nunca. Pero ese día no. Ese día Sonia permaneció unos segundos con la mente en blanco mientras observaba con detenimiento la caligrafía extraña de la misiva que sostenía entre los dedos. Algo insólito notó en alguna parte inconcreta al ver los picos desiguales con que construía las palabras el desconocido remitente. La giró, después de leer su nombre mismo escrito en el sobre, y comprobó que carecía de remite. Luego la dobló por la mitad para introducirla en uno de los bolsillos de la bata. Tenía la intención de leerla al final, una vez se hubiera desayunado y comprobado que el resto de la correspondencia no dejaba de ser más siempre de lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Con su tesoro escondido en el bolsillo, Sonia regreso escaleras arriba hasta su pisito en el cuatro de Gómez Becerra y cerró la puerta tras de sí. Le costó un esfuerzo sobrehumano prepararse el café sin abrir la carta todavía, pero hizo de tripas corazón y sacó de la alacena una caja de galletas para depositarla con minuciosidad sobre la superficie de la mesa, en donde ya le aguardaban una cucharilla y una servilleta impecablemente colocadas en línea con el canto de la mesa. Luego, introdujo el café en el microondas para calentarlo y giró la ruedecita hasta la señal de minuto y medio justos. Cuando sonó la campanilla, Sonia se levantó y recogió la taza del humeante café al tiempo que extraía de su bolsillo la carta. Pero no la leyó todavía. Era demasiado pronto para que ese placer de enamorada solícita se evaporase sin resistencia. En cambio, eligió una anodina de cualquiera de los bancos y leyó sin apasionamiento la cabecera del extracto. Comprobó fechas de facturas en sucesivas anotaciones y revisó que sus finanzas no hubieran recibido ningún varapalo desde la última ocasión en que supervisó esas mismas operaciones, en meses anteriores. Por fin, con la última galleta, Sonia recogió la doblada carta y la extendió para alisarla sobre la mesa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Por más que imaginara, no entendía quién podría ponerse en contacto con ella mediante ese arcaico sistema. No es que careciera de amigos, que tenía varios, pero  era extraño que ninguno de ellos pusiera remite en la misiva. Familiares incluidos. En las raras ocasiones en que recibía correspondencia personal, la misma iba acompañada siempre de su remite así como de una letra conocida. La oficial no. La oficial llevaba membrete de algún departamento importante siempre en lugar bien destacado. Además solían presentarse con la impersonalidad e indiferencia de la dirección impresa en una pegatina. Y esta no. La que ahora mantenía a escasos centímetros de su cara, como para constatar que era cierta la incredulidad que representaban esos trazos perpetrados por una desconocida persona, dibujaba su nombre con trazos agresivos de psiquiatra, de urgente necesidad de contacto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Sonia pensó en algún compañero de trabajo, pero lo descartó enseguida. No tenía relación especialmente profunda ni personal con ninguno de ellos. Aparte de lo estrictamente profesional, nada le unía a esas personas que envasaban a diario y por turnos hortalizas en una cadena. Es más, casi podría decirse que permanecía completamente sola sus siete horas diarias en medio de un centenar de personas que miraban exclusivamente su metro y medio de puesto de trabajo en pie, repitiendo de forma automática los gestos que introducían como por sí sólos el vegetal en una lata, o en un vidrio de cristal sin etiqueta. De cuando en cuando un ligero movimiento advertía de que el dueño de esa pierna entumecida se mantenía con vida y consciente en su lugar de la cadena. El runrún del envasado y el ajetreo de los botes ponían fondo musical a los pensamientos de las personas allí convocadas que, no obstante, de seguro andarían por su cuenta y muy lejos de esa tarea reincidente y peyorativa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Sonia alzó la carta y la sostuvo delante de sus ojos para que el trasluz de la ventana le diera alguna pista. La opacidad del sobre le resultó premonitoria. Con la punta de los dedos alcanzó una tijera para rasgar la solapa del continente sin daño para el contenido. En general le disgustaba que la gente abriera las cartas de cualquier modo, que se accediera a sus recondidades sin el cuidado respetuoso que merecían. Con pulcritud de cirujano, Sonia cercenó el sobre por uno de los extremos y divisó en su seno azulino un papel garrapateado. El corazón le dio un pequeño vuelco. De nuevo miró el interior del sobre y comprobó que sólo albergaba una cuartilla doblada en tríptico, colmada por un montón de letras desparramadas como pájaros en alambre. Sin impaciencia pero temblando, la extrajo y la desdobló con eficacia sobre la superficie de madera y la cara escrita hacia abajo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Lo primero que percibió al darle la vuelta es que la carta no contenía firma. Como encabezado, el remitente había escrito, con mayúsculas, una frase que contenía en sí misma la esencia y el tono general del resto del mensaje. La leyó en voz baja, con inquisitivo detenimiento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;“DIOS ME PIDIÓ QUE TE DIJERA:”, comenzaba, “Que todo irá bien contigo a partir de ahora. Tú has sido destinado para ser una persona exitosa y lograrás todos tus objetivos. En los días que quedan de este año se disiparán todas tus agonías y llegará la victoria.” &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;A medida que esas palabras adquirían forma tangible en su cerebro, crecía la intensidad de las emociones negativas en Sonia. No podía creerse que le estuviera pasando a ella. Había oído rumores acerca de las cartas en cadena; conocía incluso a alguien que las había recibido, pero jamás había tenido delante ninguna. Pensaba que eran meras tontadas que la gente inventaba por abulia, por simple desconsideración con sus semejantes. Apartó todo aquello de su mente y buscó por instinto una postura más relajada en la silla. Luego continuó con la lectura. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;“... Antes de que termine la semana, pasa este mensaje a siete personas y recibirás un milagro a cambio. Pero no lo ignores. Cuando Anne Wichert la recibió por primera vez, la ignoró. Una semana más tarde el amor de su vida la dejó sin razón alguna”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Sonia titubeó. Sentía el corazón oprimido por una suerte de angustia que no le dejaba resuello. Optó por pasar por alto varios de los párrafos en los que se sucedían las amenazas, para llegar cuando antes a la parte final del texto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;“Si rompes esta cadena algo terrible te sucederá. No debes perder el tiempo. No es ninguna broma”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Una vez concluida la lectura, Sonia se levantó de la silla y recorrió la habitación visiblemente preocupada. Avanzó hasta la ventana y miró a través del vidrio empañado. Seguía nevando. Estaba resultando éste un invierno realmente frío, como los que recordaba de su infancia. La imagen de ella siendo niña pisando los carámbanos de las madrugadas ateridas de Palencia lo llenó todo por un instante. Sintió que un escalofrío le recorría la espalda. Las personas que veía en la calle iban de un lado para otro buscando resguardo, como hormigas entontecidas. Volvió de nuevo la vista hacia la carta con ojos ausentes y el corazón sobrecogido aún. Crispó las cejas y avanzó con paso resuelto hasta la mesa y arrugó el papel con un gesto irritado para arrojarlo de inmediato al cubo de la basura. Decidió que lo mejor sería olvidarlo todo y continuar con las tareas domésticas como si no hubiera ocurrido nada. Después de todo, no eran más que historias que la gente desocupada se inventaba para aterrorizar a los crédulos. La cuestión era saber si ella lo era. Decidió que no y durante el resto de la semana no volvió a ocuparse de ese asunto, hasta que lo olvidó por completo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;En el número cuatro de Gómez Becerra no volvió a ocurrir nada destacable. La rutina se instaló de nuevo a sus anchas por la casa y el paso del tiempo se hizo apenas perceptible entre las idas y venidas de su propietaria. A Sonia le dolía la cabeza a diario por cuestiones mucho más de este mundo y mucho más urgentes que el envío indiscriminado de misivas a perfectos desconocidos. Estaba, por ejemplo, la casi nula subida salarial que se reflejaba en su nómina de enero; la inmisericorde hipoteca de su piso; el espectro de la regulación de empleo que planeaba sobre las cabezas de todos los trabajadores en la fábrica. Para sustraerse a realidad tan cercana, Sonia Había planeado para fin de mes una escapada a los Picos de Europa, pero a última hora había decidido anularla debido a la borrasca. Llevaba un mes entero nevando y los accesos por carretera se encontrarían impracticables. En realidad era la escusa perfecta. A Sonia le daba pereza casi todo. A fuerza de vivir sola, se había acostumbrado a hacer el mínimo esfuerzo para que su vida cogiera rumbo y marchase sin problemas por el monótono paisaje de la desgana. Con esperar sentada en el sofá hasta la hora del trabajo tenía suficiente. Lo que hacían el resto de sus compañeros le parecía simplemente una llamada de atención para sentirse importantes. Porque ¿dónde se iba a estar en realidad mejor que en casa? Según su opinión las vacaciones consistían, simple y llanamente, en una narración pormenorizada de lo que se había podido ver en menos de una semana ante las bocas abiertas por el asombro de los contertulios. Cuanto más exótico y lejano, mejor. A pesar de lo incómodo de los hoteles y de la incapacidad de las agencias de viajes, cada cierto tiempo había que coger uno de esos paquetes ofertados y patearse medio mundo para escribir una postal desde alguna parte perdida del planeta. Sonia sonrió ante esa última imagen, pero dejó inmediatamente de hacerlo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Sin saber por qué, de pronto recordó la carta ya olvidada y rememoró con precisión cada una de las amenazas que contenía su seno venenoso de conjurador de maleficios. A pesar de sus esfuerzos por buscar la normalización de su existencia, un poso de desasosiego continuaba coleando por alguna parte de su más vulnerable intimidad. Se obligó a retirar ese mal presagio de sí y prendió el televisor para intentar enroscarse en una suerte de duermevela hasta que llegase la hora de meterse en la cama. Se obligó a pensar en cosas cotidianas. Cosas que tendrían el poder exorcizante de atraer a su vida aspectos conocidos, lugares comunes en donde encerrarse lejos de cualquier maleficio, si es que existían. Concluyó que al día siguiente tendría que poner en orden la correspondencia atrasada. También que resultaba imprescindible poner una lavadora porque últimamente se le estaba acumulando mucha ropa sucia. Su programa favorito comenzó a la hora en punto y al instante se relajó. Con las primeras entrevistas, a Sonia le comenzó a invadir el sueño. Era un sopor reconfortante y voluptuoso el que sentía nunca antes experimentado, como si se estuviera hundiendo en medio de algodones empapados de alguna sustancia oleaginosa. Como si su cuerpo, sin fuerzas, flotase a la deriva en un embalse. Cabeceó. Cerró los ojos y se abandonó finalmente, conquistada desde alguna parte inconcreta por el tenebroso abismo del sueño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;Lo lamentable del asunto es que no tuvo consciencia de que la manta con la que se tapaba caía sin ruido encima de la estufa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-1091785834296517293?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/1091785834296517293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=1091785834296517293' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/1091785834296517293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/1091785834296517293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/10/la-carta.html' title='La carta'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TKmmmkpG9CI/AAAAAAAAAJo/55m4-dKmBdM/s72-c/Emerald_Nova_by_archanN.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-6102343773336923114</id><published>2010-08-30T13:29:00.001+02:00</published><updated>2010-08-30T13:30:42.602+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fragmento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><title type='text'>Por ahí fuera (4)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/THuV7N32VDI/AAAAAAAAAJY/sDHpSNfocO0/s1600/assembler_by_Kosmur.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/THuV7N32VDI/AAAAAAAAAJY/sDHpSNfocO0/s320/assembler_by_Kosmur.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;No. No es la literatura lo que más importa. Es la vida, Malú, cariño. Es vivirla sin desperdicios. Sin contaminaciones. En el fondo todo esto no es más que un montón de letras. Una serie de signos y renglones que se pierden pantalla abajo y no llegan a ningún sitio. Pero la vida sí, Malú, la vida es un camino recto y tortuoso a un tiempo. Recto porque las cosas que suceden caen sobre ti como tendiéndote una trampa y tortuoso porque duele. La vida es dolorosa. Esa es sencillamente una conclusión que yo exclusivamente me he sacado de la manga. Para otras personas quizá no lo sea tanto. Para ti, Malú, es casi seguro que no lo sea. Pero tampoco te has planteado nunca algo diferente a lo que haces cada día. Y con muy poco te conformas.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;Nunca te hablé de los caminos excluyentes. De esa paradoja. Es innecesaria tanta palabra cuando adviertes todo eso. Imagínate un punto indeterminado en un plano liso y sin más puntos de referencia que él mismo, un plano tan largo y ancho que resulta imposible distinguirle un borde. Imagínate que tú eres ese punto, mi vida. Si te movieras por el plano todas, absolutamente todas las direcciones que tomases te conducirían al punto de partida, porque es como si no te hubieras movido en absoluto. Pero sin embargo estás en constante movimiento. Para notarlo es necesario que en el plano se marque una especie de rastro. Y ese rastro, niña, son los recuerdos. Es eso lo que nos da una vaga sensación de movimiento. Si no permaneciera ese rastro por el plano, todas las vidas disponibles serían la misma cosa.  Porque no sabrías nunca lo que acabas de dejar a tus espaldas. A veces pienso que tendríamos que poseer memoria de pez. Tres segundos y basta. Con eso es más que suficiente. De esa forma podríamos vivir siempre de nuevo las cosas sin tener que repetir nuestros errores.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;Me dices que escribo cosas tristes, mi amor. Cosas que tú no entenderás porque eres vital por naturaleza. Pero las cosas tristes nos definen. Nos delimitan. Sólo tengo que encender el telediario a mediodía para saber cierto lo que digo. El mundo que ahora nos vive es un mundo inimaginable en ese plano.  Eran mejores cualesquiera que fueran las alternativas. En el plano de la vida se agrandan de continuo los desgarrones por donde se esfuman los rasgos que definen la persona. No, Malú, no es el hombre un lobo para el hombre, es una jauría hambrienta, despedazando su propia conciencia y condición sobre la selva primigenia de las relaciones. Qué más quisiera que ser como tú eres. Indecisa pretensión de felicidad temblorosa, viendo siempre el mismo lado positivo. Y sin embargo puede ser un sencillo complemento en nuestras dos personalidades. Yo huraño, insípido, desilusionado. Tú exactamente todo lo contrario. Cuando me hablas pienso que esa parte de la verdad y la vida también existe. Pero luego me retracto de mis propias lucubraciones. Porque veo, Malú, veo las personas a mi lado como sombras de personas. Y eso no es precisamente algo deseable.&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;Pero tú seguirás trabajando 8 horas diarias para traer el pan a nuestra mesa. Y yo seguiré traicionando mi destino. Pero ¿hasta cuando, Malú, hasta cuando? ¿Acaso seguiré eternamente sin atreverme a dar el salto?&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" lang="es-ES" style="line-height: 100%; margin-bottom: 0.1cm;"&gt;No. Tienes razón. La literatura no es lo más importante. Es la vida. Pero la vida apesta, Malú. Simplemente. Apesta.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-6102343773336923114?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/6102343773336923114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=6102343773336923114' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/6102343773336923114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/6102343773336923114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/08/por-ahi-fuera-4.html' title='Por ahí fuera (4)'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/THuV7N32VDI/AAAAAAAAAJY/sDHpSNfocO0/s72-c/assembler_by_Kosmur.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-4179304022703238144</id><published>2010-08-21T14:17:00.000+02:00</published><updated>2010-08-21T14:17:57.704+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><title type='text'>Noelia bajando la escalera</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TG_Dbfu2ZRI/AAAAAAAAAJQ/ZXCb3IFWAEU/s1600/28.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TG_Dbfu2ZRI/AAAAAAAAAJQ/ZXCb3IFWAEU/s320/28.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Me he despertado con una &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;tremenda pesadez. Como si mi cabeza fuera una bola hecha de cemento. Mi primera reacción ha sido mirar el reloj en el móvil para comprobar que es mucho más temprano de lo que supongo. Desde la calle la luz penetra tenue por el ventanuco sobre la cama y proyecta sombras enrarecidas por la pared de enfrente. Creo que ha sido eso lo que me ha despertado. Entonces me he dado la vuelta para continuar durmiendo pero no he tardado mucho en comprender que tendría que levantarme. Y lo he hecho de un salto, casi sin trabajo. Como impulsado por una urgencia insoslayable que me impeliera de manera perentoria hacia la cocina. En busca del desayuno.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Café. Tostadas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Soñoliento ritual que se repite cada mañana sin pensar demasiado. Antes, un par de paseos por la casa bastan para que uno termine por caer en la cuenta de que está mirando pasar ensimismado el tiempo sin hacer nada en absoluto. Como si uno fuera otro. Otros. Como si estuviera viendo todavía una película. Quizá la misma que con toda seguridad me habré descargado anoche desde peliculasyonkis.com. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;La manera en que me conduzco me re&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;sulta extraña incluso a mí. La forma en que sostengo la taza... Es como... Como si este brazo no fuera el mío. Como si me desdoblase, puedo verme desde dentro y desde fuera al mismo tiempo. A cámara lenta me despiertan poco a poco los lentos ruidos en la calle. Un devenir de un lado para otro de pasos enfurecidos me indica que por fin están podando los árboles. Recuerdo vagamente que alguien me lo dijo la víspera. Creo oír el crujido extático de una rama antes de caer sobre el acerado repleto de gente que añora que algo indeterminado ocurra, algo indeterminado que no obstante nunca se produce. Aunque quizá sea ésa otra reminiscencia de alguna sensación experimentada por el protagonista de la peli de anoche. Porque yo siempre me levanto soñando un episodio de lo que vi la noche pasada. A veces es sólo un sonido, o una melodía que a medias me invento y que permanece durante horas yendo y viniendo por el interior de mi cabeza. Hoy he amanecido con una frase casi hipnótica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;En realidad es un nombre propio dentro de una frase&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;: "Noelia baja la escalera". Ya sé que es absurdo y que no tiene sentido. Pero ahí está, dándome por culo la jodida frasecita. Y sobre todo el nombre. Noelia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Lo repito de manera incesante, como para hacerlo del todo mío. En realidad no sé lo qué quiere decir aquello de "baja la escalera", pero intuyo que buscarle un significado es realmente una perdida de tiempo ahora. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Asi que lo dejo estar. Que ella sola -la frase- se vaya diluyendo. Difuminando en el intervalo que pasará inevitable entre la meada en el váter y el deglutir el café con las tostadas subsiguiente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Alguien cruza la calle. Risas. Prisas por llegar a alguna parte. Es tan temprano que me asombra que haya podido siquiera levantarme. Sobre todo sabiendo que ayer abrí la botella de "Glen Orchy". 18 años. Lo que no acabo de comprender es por&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; qué coño tengo estos dos vasos en el fregadero. Veo una raya de sol sobre el tejado de mi vecino. Eso me indica con claridad que son cerca de las nueve. Se me derrama el café. Las tostadas se queman. La radio zumba una amalgama ininteligible como resultado de la mezcla de tres o cuatro emisoras diferentes. Hasta Zapirón, mi gato, ha salido por patas apenas me ha visto el careto esta mañana. "Noelia". ¿Porqué  no se me quita tu nombre de la cabeza?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Apilo todas esas inmundicias que veo sobre mesas y repisas en el fregadero para limpiarlas más adelante. Por ahora todo lo que me preocupa es salvar la mayor parte de mi desayuno. Para lo que no tengo más que raspar un poco las tostadas. De paso recojo también todas las migas del suelo y recompongo el aspecto de la cocina. Noto c&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;ómo sigue la palpitación en mis sienes. Como un chirrido molesto, el dolor me taladra las meninges por la base del cuello hasta el cerebelo. Pienso en la ducha. Arrastrándome, mediodespierto, mediodormido, alcanzo a llegar hasta el principio de la escalera. Pero otra vez Noelia. Su nombre. Ese nombre que se cimbrea unos segundos en mi mente y me sugiere un descenso tibio y a media luz por la escalera, no sé si de mi casa. No sé qué me ocurre ni quién será Noelia. Pero antes de ascender por los escalones doy media vuelta y reingreso a la cocina. Algo que me da miedo permanece allá arriba agazapado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;En el salón dos bultos de ropa hecha un lío. La botella de "Glen Orchy", junto a muchas otras de vino barato y de cerveza, permanece en equilibrio precario al borde del abismo de la mesa. Poco a poco te recuerdo, pero aún no eres Noelia ni bajas escaleras. Quizás te llamas Rosa, o Isabel. O Begoña. O Luisa. Cualquiera de esos nombres que va contigo mucho más que el de Noelia. Y sin embargo te recuerdo bajando la escalera. Para ir a ninguna parte. Sólo para trenzarme de la mano y que yo te persiguiera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Pero es vago sopor tu recuerdo. Sombra que perdura como la insustancialidad de un perfume en mitad de la calle. Recordado sabor sobre la punta de la lengua. Más allá de la botella, intuyo los desgarradores momentos de la coca. Frenéticos. Quién sabe adónde habrán ido a parar todos mis recuerdos. "Rosa ascendiendo la escalera". ¿Qué más da? ¿Acaso después de&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; una ducha llegue a comprenderlo? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Recojo una muda l&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;impia de la cómoda del cuarto y justo entonces te veo, preservativo. Eres como una lombricilla atiborrada y tirada contra la pata de una silla. Blanca. Una lombricilla atiborrada y blanca como las sábanas revueltas. Más abajo, y escondida, una prenda íntima tuya, Rosa, o Carmen, o como coño te llames, me hace recordar con trabajo que entre estas cuatro paredes ocurrió anoche alguna cosa trascendente. Y que ya nunca más volveremos a ser los mismos. Aprieto los dientes y me agacho para recoger las ruinas de lo que aparenta ser un simple polvo. Condón y bragas acaban en el fondo del mismo sitio en la basura. Una sombra atraviesa la ventana entonces. Dios, ¿por qué me matas con este puto dolor de cabeza? Sólo una resaca no puede causar tanto estrago. Presiento, no lo sé, que a punto estoy de dar con algún indicio. Subo la escalera. Luz. Silencio. Se rueda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Me ha costado tanto llegar hasta ti que ahora no sé como parar el tiempo. Yo no soy esto que contemplo. El daño que he causado. Tu sangre reclama mi presencia a tu lado&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;. Sin mover un sólo dedo, percibo en mi propio cuerpo cada uno de los golpes que tú has recibido. Tu cráneo abierto es mi cráneo. Tus laceraciones me causan un dolor ininteligible y sólo ahora lo comprendo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt;Con un gesto que apenas llega para&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="text-decoration: none;"&gt;&lt;span style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-weight: normal;"&gt; nada más, desconecto la cámara que durante este tiempo lo ha estado filmando todo, Noelia. Rebobino y entonces te veo en la pequeña pantallita, despacio, muy despacio, bajando la escalera...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 200%; margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 200%; margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Nimbus Sans L', Arial, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-4179304022703238144?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/4179304022703238144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=4179304022703238144' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/4179304022703238144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/4179304022703238144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/08/noelia-bajando-la-escalera.html' title='Noelia bajando la escalera'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TG_Dbfu2ZRI/AAAAAAAAAJQ/ZXCb3IFWAEU/s72-c/28.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-307903024134907930</id><published>2010-06-07T11:31:00.002+02:00</published><updated>2010-06-07T11:33:11.866+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='fragmento'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><title type='text'>Por ahí fuera (3)</title><content type='html'>&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TAy7kIFlEoI/AAAAAAAAAJI/rG6caVoJkcw/s1600/time-400.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TAy7kIFlEoI/AAAAAAAAAJI/rG6caVoJkcw/s320/time-400.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;¿Sabes, Marta, desde cuando tengo todos estos recuerdos? No, no puedes saberlo porque tú y yo nunca hemos hablado de eso. Porque cada cosa que hacíamos era como un pacto de silencio. Porque todo se daba entre nosotros por supuesto.  Puedo garantizarte que desde siempre se han venido conmigo, a todas partes, Marta, a todas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Desde la noche de San Jorge, 23 de abril, año 84, en Cáceres, sentados a la puerta del Albinoni ha pasado mucho tiempo. Desde aquella noche tripeada en que me invitaste a entrar en tu vida y yo penetré sin recelo, han ocurrido tantas cosas que me da miedo plasmarlas con palabras. Vi tus ojos cuando vinieron ellos,&amp;nbsp; la basca que había estado buscando toda la tarde. Partí mi ácido sobre la cartera en tus piernas y te di un pedazo. Tu pedazo, Marta, que se disolvió tan lentamente entre los benditos plieges de tu boca. Y luego nos marchamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;En la parte vieja, en la plaza aquella oscurecida por las drogas, por el tiempo que hacía que estaba esperando algo como eso, te ví relámpago. Una aparición sobre los edificios majestuosos, planeando sobre tordos sentimientos como un pájaro primitivo y voluptuoso. Y los dos caímos sobre la hierba extenuados, mudados de rumbo, acariciados por la brisa eterna que esa noche nos hizo de sábanas. El lío de las explicaciones, de la vida misma, careció de importancia entonces, cuando te me ofreciste y firmamos nuestro acuerdo sobre nuestros pobres cuerpos desnudos, pintados por vez primera con ceras. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Marta, me entregué a ti con miedo a tu rechazo. Hablando poco porque nada había que decir. Sintiéndote temblando bajo el peso de mi cuerpo. Tus pequeñas caderas gimieron. Mis caderas sobre tus huesos gimieron. Cuando te marchaste, Marta, estuve solo.  Siempre solo, hasta el dia en que los dos ya nunca más ibamos a separarnos. ¿Te acuerdas? Sólo que entonces ya no nos importaba.  Entonces era un ir y venir, un trasiego, una marcha lenta del devenir de los tiempos que terminaría por pesarnos. Por someternos a esa clase de normas que hacen que todo se desgaste. ¿Y cuántas veces más duró todo aquello? ¿Y qué pasa hoy con tu vida? Porque sé, Marta, que como yo lo recuerdo, tu has de recordarme a mí también. Sólo que todo está ya demasiado lejos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;De madrugada te perdiste, Marta, sin ver el sol. Como una vieja alma en pena de tan sólo veinte años.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-307903024134907930?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/307903024134907930/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=307903024134907930' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/307903024134907930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/307903024134907930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/06/por-ahi-fuera-3.html' title='Por ahí fuera (3)'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/TAy7kIFlEoI/AAAAAAAAAJI/rG6caVoJkcw/s72-c/time-400.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-3328853207382294343</id><published>2010-05-27T18:57:00.003+02:00</published><updated>2010-05-27T18:59:43.355+02:00</updated><title type='text'>Novela</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S_6kzIp02SI/AAAAAAAAAJA/aEbBu2iVlwY/s1600/27.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S_6kzIp02SI/AAAAAAAAAJA/aEbBu2iVlwY/s320/27.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;...que no había cambiado nada entre nosotros. La verdad es que ninguno se imaginaba qué iba a pasar a continuación. Un pájaro salió volando en ese momento, llegó hasta el extremo más alejado y de improviso mudó el rumbo, perdiéndose al instante entre la bruma del fondo. Mi amiga no volvió la espalda para ver cómo se fundía con el horizonte. "Quizá si hubiera sido más cuidadoso, no sentiría la necesidad de disculparme ahora", creo que me dije entre dientes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;En realidad todo ocurrió de otra forma, pero es mucho más literario recordarlo de este modo. Hacer literatura poco a poco se me estaba metiendo demasiado adentro, y eso podría comenzar a resultar peligroso. Por ejemplo, me había acostumbrado con demasiada frecuencia a pensar como si yo fuera un personaje de una novela. Un personaje que alguien creaba en algún oscuro cuarto y al que modelaban en una cuartilla en blanco. Demasiado a menudo simulaba ahora actitudes novelescas en mi vida diaria, como cuando Marta me abandonó aquella casi olvidada mañana. Recuerdo que entonces me sentí personaje desolado, indefenso en las palabras de un libro inexistente, sólo evocado por los labios entreabiertos de quien me estaba leyendo o plasmando en el folio a medias. También ahora me sentí de ese modo, mientras contemplaba cómo tú te ibas alejando poco a poco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Yo sí que oí perfectamente el graznido de aquel pájaro; el estridente, al menos para mí, sonido que rayó el aire de la mañana. Recuerdo la calima que avanzaba por la playa; las olas que, simétricas, venían a morirse en la arena, por la que correteaban los cangrejos como animales mitológicos huraños y furiosos. Recuerdo tus decididos pasos; la conversación que mantuvimos; las palabras que salieron, por último, de tus labios; la desazón que todo eso me produjo. Recuerdo el brillo del sol sobre las aguas; el arco iris que finalmente se hizo paso entre la llovizna, combado como una esfera semienterrada, tapada por los picos de la cordillera que se elevaba a nuestras espaldas. Recuerdo el tufo casi putrefacto de las algas muertas; el salobre aroma de la mar en los rompientes; el faro encendido aun a esas horas; lo estúpidas que pueden llegar a ser a veces las personas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Me di la vuelta y me colé en uno de los bares que se veían al principio de la playa.  Tomé café y algún dulce que asomaba por una de las vitrinas. Desayuné, al fin, a solas, con la conciencia intranquila y la sensación de que nos habíamos equivocado una vez más. Mi monomanía literaria me asaltó entonces de nuevo y comencé a sentirme personaje escribiéndose, sujeto pasivo de una acción inventada por otro. Creo que en esa ocasión entré de lleno en la obra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;En la parte opuesta de la barra, el camarero limpiaba unos vasos con el aire cansino de un gato cebado. Sus ojos de cuando en cuando caían sobre mi persona de una manera irreal, como si también formara parte de la novela. En un momento dado, sentí la necesidad de acercarme hasta el servicio. Abrí la puerta y me miré en el espejo que colgaba en una esquina, por encima de un lavabo mugriento y lleno de ceniza. La meada que expulsé hizo un arco perfecto antes de caer en la taza. La sensación que experimenté (como si estuviera leyendo) me llenó de asombro. Creo que temblé por un momento.  Cuando salí de nuevo a la fría y solitaria sala de aquella cafetería, el camarero ya no estaba. Aproveché la coyuntura para escabullirme sin pagar mi desayuno. Sabía que no importaba; eran simples detalles que pasaría por alto la mente del que me estaba inventando, en ese momento, sobre las baldosas del paseo marítimo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;A solas, como corresponde a una de esas malas novelas de dudosa psicología, sabía que tenía que mirar, no me quedaba más remedio, por encima de la barandilla cómo se rizaba el océano, y que tenía que pensar en ese momento lo que estaba pensando. Sentí frío, sabía que tenía que sentirlo, y me abroché la chupa. Apoyado en la  piedra rectilínea permanecí mucho tiempo mirando la nada que se mecía en la superficie de las olas como una balsa que regresa. En el momento adecuado miré a mi espalda: alguien se aproximaba silencioso. No reconocí a quien lo hacía. Tampoco me importó no fijarme en su aspecto. Sabía que eso no sería importante para determinar un desenlace. Personaje o no de aquella novela, presentí que todo estaba llegando demasiado lejos e intenté con todas mis fuerzas abandonar aquella perspectiva desde la que me estaba viviendo a mí mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Normalmente, cuando lo necesito, salgo sin problema de esa versión novelada de mi vida; pero en esta ocasión sabía que me iba a costar más trabajo que de costumbre. En realidad no sé si entonces lo sabía. No sé si me había planteado la posibilidad de que me quedara allí dentro para siempre; como creo que me estaba ocurriendo. Sin saber por qué, me descubrí de nuevo paseando por la playa, quiero decir, por la arena, por el camino que la marea deja en su retirada, esa fina línea que parece fundirse en el horizonte si estás en una de esas playas amplias, y largas, y solas. Oteé el horizonte (no sé cómo me entretenía en cosas semejantes), y se me ocurrió que el que me estaba ideando no debía de tener las ideas muy claras acerca de lo que iba a pasar a continuación. Decidí dejarme llevar por el dictador invisible y permanecer a la expectativa; pero no ocurrió nada. Al cabo de un tiempo, me senté en la arena y me distraje con los pequeños guijarros que se veían por la zona.  Previsiblemente, me entretuve en lanzarlos por encima del agua, tal y como se describe en esa novela que alguien estaba llevando a término, pude sentirlo entonces. Oscurecía.  Aunque para mí aún no había transcurrido tanto tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;De nuevo unos pasos vinieron a sacarme de mi ensimismamiento. Pero entonces no sentí la necesidad de volverme. Creí saber quién se acercaba. Por un momento creí también que todo había terminado, que había sido una ensoñación más larga de lo que tenía por costumbre. No me esperaba que el autor de la trama hubiera decidido que yo muriera apuñalado sobre la arena de esa playa y, por lo tanto, no sentí la mano a mi espalda apretando una navaja angosta y afilada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;El final, sangriento, no lo desvelo; siempre he sentido que contar el final de un libro es como matar su personaje antes de que crezca...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-3328853207382294343?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/3328853207382294343/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=3328853207382294343' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/3328853207382294343'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/3328853207382294343'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/05/novela.html' title='Novela'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S_6kzIp02SI/AAAAAAAAAJA/aEbBu2iVlwY/s72-c/27.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-1713873949288129392</id><published>2010-05-19T00:05:00.001+02:00</published><updated>2010-05-19T00:07:39.095+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='novela'/><title type='text'>Por ahí fuera (fragmento)</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S_MO-s4WEcI/AAAAAAAAAIw/2qqOtVI6xTw/s1600/Eternal_Conspiracy_by_archanN.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S_MO-s4WEcI/AAAAAAAAAIw/2qqOtVI6xTw/s320/Eternal_Conspiracy_by_archanN.jpg" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Tengo abiertas las ventanas.  Hace calor en la calle. Las voces de las personas que pasan por ahí fuera llegan hasta mi cuarto para desagradarme, exclusivamente.  Saqué esta mañana a pasear a Marengo, mi pastor alsaciano.  Como de costumbre dimos una vuelta por el erial que se extiende a las afueras del pueblo en donde una granja de cochinos apesta a varios kilómetros a la redonda. Es agosto, y un calor sofocante asola esta parte del planeta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Tengo el calentador estropeado.  Desde hace una semana Malú y yo tenemos que ducharnos con agua fría, pero aquí funcionan las cosas de esa forma. Al fontanero le dará un día por aparecer y yo no estaré en casa. Los días en que estoy, él no pasará nunca. Y así eternamente.  Hasta que alguno de esos días nuestros caminos se crucen. Así funcionan absolutamente todas las cosas aquí. Marengo es paciente conmigo. Los años duros de trabajo los ha soportado sin un lamento.  Encerrado hasta que alguno de los dos volvíamos para sacarle. Era una vida francamente perra la suya.  Pero ahora tengo tiempo. He decidido tenerlo de ahora en adelante. He decidido que la vida es algo más que trabajo amontonado y un montón de basura que bajarás al contenedor cada noche, antes de acostarte. Llego hasta el fregadero y observo todos los platos sucios, amontonados. La casa sin hacer de las doce de la mañana. Ésta es la vida perra de las personas. Escribo.  Me relajo. Duermo. Despierto por las noches en medio de un barranco.  Un paso más y me desplomo. Pero resulta que todo es un sueño. Un sueño del que despierto empapado.  Sin descanso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Hace ya muchos días que no descanso. El accidente me dejó doblado el tabique nasal y no tengo ni ganas ni fuerzas para operarme.  De modo que duermo cada noche en la misma postura, lo que se traduce en un montón de dolores por la espalda cada amanecida. A los que nunca consigo acostumbrarme. Otro café. Una nueva ocasión de perpetuar este insomnio. Sudo un poco más y decido meterme en la ducha, mientras espero que hoy no regreses tan temprano, Malú, porque éstas son mis horas. Solo en ellas vivo toda la mañana. Sólo por ellas, frente a un ordenador cargado de rutinas, escribiendo chorradas que jamás leerá nadie. Un coche pasa por la calle justo ahora para que yo lo describa. Para que pueda comentar el color azul de sus aceleraciones. También el ruido de una sierra eléctrica se suma a esta locura, hasta que poco a poco desaparece el primero y permanece el silencio cuando terminan en la obra. Porque en todos los lugares en los que habito hay alguna. Son los gajes del progreso. Las desventajas de tener una sociedad tan jodidamente próspera. ¿Eran así antes nuestras vidas? Yo no lo recuerdo, Marta. No lo sé. Como tampoco estoy sabiendo qué hago aquí sentado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Fumo. En la radio sintonizo sólo música electrónica. De nuevo el ruido de la obra. Me asombra que sigamos dentro de esta casa, yo y mis pensamientos, Marta. Porque lo que deseo es que todo esto desaparezca, que se marche olvidado para siempre. Así no hay manera. Tal vez lo que pasa es que me he levantado furioso. O que he dormido tan poco tiempo durante estos meses que todo me exaspera. O que deseo que todo se termine. O que ya no me importa nada en esta vida. O que redundo demasiado. O que quizá esté todavía dolorido. Porque las cosas que pasaron ya no nos volverán a pasar nunca. Porque deseo arreglar eso `otro`. Porque poco a poco me estoy volviendo majareta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-1713873949288129392?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/1713873949288129392/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=1713873949288129392' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/1713873949288129392'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/1713873949288129392'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/05/por-ahi-fuera-fragmento.html' title='Por ahí fuera (fragmento)'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S_MO-s4WEcI/AAAAAAAAAIw/2qqOtVI6xTw/s72-c/Eternal_Conspiracy_by_archanN.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-143166172722917847</id><published>2010-05-07T12:41:00.003+02:00</published><updated>2010-05-08T12:14:27.179+02:00</updated><title type='text'>Por ahí fuera</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S-PuKKzGGEI/AAAAAAAAAIo/3IS6alO49Kk/s1600/Little_Glass_Echoes_by_archanN.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S-PuKKzGGEI/AAAAAAAAAIo/3IS6alO49Kk/s320/Little_Glass_Echoes_by_archanN.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La verdad es que nos tocó vivir un tiempo incierto, lleno de &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;contradicciones&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;, Marta.  Éramos los hijos menores de familias numerosas, desbordados por los acontecimientos.  Desengañados por la &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;ineficacia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; del sistema.  Yo dejé los estudios recién terminado el instituto porque en realidad no había futuro.  Tú misma sabes que las &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;universidades&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; sólo eran fábricas de parados.  Tú sola truncaste tu carrera de historia al segundo año y te viniste a vivir conmigo a esa casa, para verter un nuevo mundo dentro de este otro. Luna nació en ese interín, quizá también desengañada.  sólo que entonces éramos aún demasiado jóvenes para darnos cuenta cabal de lo que hacíamos.  Puede que de haber tenido entonces toda nuestra experiencia de ahora jamás habríamos dado ese paso.  Pero la juventud, como la ignorancia, es atrevida.  Y temeraria.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Miro los folios ahora sobre al cama desordenados y no tengo fuerza ni para introducirlos en esta caja. ¿Cómo guardar tanto disparate para cuando se me pase esta rabieta?  Marta, dice &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;Malú&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; que no es más que eso lo que tengo, un nuevo ataque de `&lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;libertonitis&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;` aguda pero transitoria.  En el fondo lo dice convencida, y no soy yo nadie para desengañarla.  Pero ¿y tú?, ¿qué habrá sido de tu vida, Marta?  ¿Y de nuestra hija?  ¿También en ella el desencanto generacional se habrá cebado?  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;¿Te acuerdas?  Fuimos muchos los engañados en aquella época. Pero no te confundas, no estoy diciendo ahora que me arrepienta. En cierto modo hemos aprendido un par de cosas. Hemos aprendido casi a sangre y fuego que los líderes no siempre estaban al frente de esta pequeña revolución cotidiana. Pero también hemos aprendido que las revoluciones de masas son las que menos &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;probabilidades&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; tienen de alzarse con el triunfo. Que nunca podrán imponerse al cabo entre tanta y tanta miseria, Marta. Porque este mundo es un mundo miserable.  &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;Dime&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; tú, si no, por qué nos equivocamos. Qué fue lo que hicimos tan mal para estar ahora de esta forma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Ya sé que tú me dirás que la vida no es tan mala. Pero para eso ya tengo a otra persona que me lo recuerda a todas horas. Y quizá las dos tengáis razón. Pero yo a cualquier parte que mire veo siempre la misma cosa.  Tan sólo vendimos ideales por intereses económicos. Ahora tenemos más aparatos eléctricos en casa, coches mucho más veloces y potentes en el garaje, amargura insignificante cada cierto tiempo quizá a causa de la luna, siguiendo el constante ritmo de las mareas. Pero yo te digo que entonces sí teníamos un objetivo. &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;Malú&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;, como buena hija de su tiempo, dice que es ahora igual que antes. Y quizá Luna corrobore esa hipótesis suya algún día. Pero, mientras tanto, unos pocos seguiremos&amp;nbsp;sintiéndonos&amp;nbsp;estafados porque creímos, Marta. Y el descrédito ahora nos aparta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pero seguiremos sufriendo la estela larga de ese tiempo incierto que vivimos, lleno de &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;contradicciones&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;, seguiremos siendo eternamente los hijos menores de familias numerosas, desengañados por la &lt;span class="goog-spellcheck-word" style="background-attachment: initial; background-clip: initial; background-image: initial; background-origin: initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white;"&gt;ineficacia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; del sistema. Y porque la juventud, como la ignorancia, es atrevida y temeraria, seguiremos corriendo eternamente en pos de una quimera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-143166172722917847?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/143166172722917847/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=143166172722917847' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/143166172722917847'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/143166172722917847'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/05/por-ahi-fuera.html' title='Por ahí fuera'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S-PuKKzGGEI/AAAAAAAAAIo/3IS6alO49Kk/s72-c/Little_Glass_Echoes_by_archanN.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-8803288370034298456</id><published>2010-04-30T16:19:00.002+02:00</published><updated>2010-04-30T16:25:07.563+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='breve'/><title type='text'>La carretera</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S9rmyyH8ulI/AAAAAAAAAIg/QAPXq8Chd8I/s1600/18.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S9rmyyH8ulI/AAAAAAAAAIg/QAPXq8Chd8I/s320/18.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0.35cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Atrás iba quedando la carretera teñida de un azul anaranjado, como si alguien hubiese ido pisando frutas extrañas y podridas cuyo zumo se hubiera embebido por fin en el asfalto. La noche, indecisa y lejos de las luces de la ciudad, bordeaba el campo sin atreverse del todo a inundarlo. Lentamente un sol enfermizo terminaba su agonía explotando en miles de matices que se reflejaban en las hojas de los árboles, cosa que hacía de la conducción un acto mucho más molesto y peligroso que de costumbre. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0.35cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Eduardo se abrochó el cinturón sobre la marcha, mientras veía desde lejos cómo se aproximaba una pareja de motoristas que en unos instantes, sin embargo, pasó a su lado mirándole pero sin verlo. A Eduardo le dio un vuelco el corazón: no podía evitarlo. Siempre que advertía la presencia de los agentes de tráfico le pasaba lo mismo. Era como un sonidito que poco a poco se iba haciendo más perceptible y molesto, consecuencia quizá de todas las veces que había circulado por aquellas mismas carreteras sin los papeles en regla. Ese sonidito siempre se transformaba luego en un resquemor, en una picazón sobre el estómago que hacía que la boca se le secase de golpe, y que sus palabras sonaran entonces -si es que llegaban a detenerlo- poco convincentes. En realidad demasiado poco convincentes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0.35cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Eduardo recordó que toda la documentación de su vehículo se encontraba expresamente puesta al día. Se convenció durante unos pocos segundos de que no tenía nada que temer entonces si le detenían. Sería tan sólo una molestia, pero nada más que eso. Tan sólo una  molestia desagradable que muy pronto quedaría en el olvido. Mentalmente incluso vio la documentación de su vehículo en el interior de la guantera; el recibo que descansaba en el vientre de la carpeta de plástico que le habían regalado en la gestoría en donde había tramitado (hacía tan poco) la contratación de su seguro; el sello que alguien le había puesto en la tarjeta de circulación en la última de las revisiones de la I.T.V.; pero ni así consiguía calmarse. Aunque pasado el mal trago, poco a poco esa sensación se iba amortiguando sin que Eduardo interviniera. Eso era lo bueno que tenía. Pasara lo que pasara, a Eduardo se le olvidaba todo muy pronto, y apenas si perduraba al final de todo un pequeño recuerdo que él mismo se encargaba de ir atenuando hasta relegarlo al fondo de ese saco roto en donde Eduardo almacenaba todos los recuerdos molestos, para que no le molestaran.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0.35cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Para salir de la curva, aceleró ligeramente y su auto sobrepasó sin dificultad la pequeña rampa y aquel recodo lleno de encinas y de vacas, y salió a campo abierto enseguida. Allí la línea recta de la carretera ya no se truncaba hasta Trujillo. Luego miró una vez más por el espejo retrovisor del automóvil. Aún no estaba muy convencido de que los dos agentes hubieran proseguido su camino y no tuviesen en realidad intenciones de molestarlo. Carraspeó. Poco a poco comenzó a sentirse más tranquilo. Las luces de la ciudad podían verse a lo lejos, titilando como una ensoñación en mitad de su camino. Ya ni siquiera se acordaba de que en el maletero de su coche había viajado, aserrado y metido en dos maletas, hacía tan pocas horas el cadáver de esa chica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0.35cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 0.35cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-8803288370034298456?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/8803288370034298456/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=8803288370034298456' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/8803288370034298456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/8803288370034298456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/04/la-carretera.html' title='La carretera'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S9rmyyH8ulI/AAAAAAAAAIg/QAPXq8Chd8I/s72-c/18.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-2988348161853372756</id><published>2010-04-18T11:28:00.000+02:00</published><updated>2010-04-18T11:28:40.251+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='breve'/><title type='text'>Amanece</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S8rQmYI3GYI/AAAAAAAAAIY/6vHUzdI6KRA/s1600/26.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S8rQmYI3GYI/AAAAAAAAAIY/6vHUzdI6KRA/s320/26.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Lentamente al principio el sol rasga la punta recortada de la sierra; y una raya de claridad va calando el campo humedecido por el rocío en donde comienzan a resonar los ecos lejanos de las caballerías, del ganado lanar que desespera en el aprisco, de los lastimeros parloteos de los perros famélicos, que es casi como si lo supieran.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Una higuera solitaria más abajo de la pared que parte el huerto por el medio y lo secciona en parcelas diminutas luego, cada una sembrada con una cosa, se estremece cargada no de higos, sino de gotitas que perlan su deforme corteza. El sonido a esta hora es como si fuese más límpido, más vibración todo él, esparciéndose por el campo como las ondas en un estanque de aguas transparentes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;También húmeda por las miles de lenguas de la mañana, la hierba se observa cana y rala, aplastada, como si hubiese nevado; sólo que no nieva; aquí hace muchos siglos que no lo hace nunca. De tan brillante, apenas los dolorosos rayos se posan por doquier relampaguea a trozos, según vayan ganando el campo por arriba. &amp;nbsp;Sólo las partes a la umbría permanecerán todavía mucho más tiempo como si fuera siempre de noche, sin notar el cambio que a pasos de gigante, pero muy lentamente, está llegando a producirse. Por detrás de la loma, las casas en el pueblo vienen a espertarse todas de golpe; y en los tejados de uralita, tejados pobres, míseros, aparecen las manchas que delatan las goteras. &amp;nbsp;Las briznas de un humo empobrecido serpentean hasta embalsarse a pocos metros sobre ellos, en donde parece resguardarse de las corrientes de un aire que siempre falta, que no llega nunca. Pero desde esta parcela eso permanece escondido. &amp;nbsp;Son muchos los kilómetros que separan ésta de esa verdad ahora, aunque en realidad no pasen de la docena.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Poco a poco también las aves diminutas limpian de sueño su vuelo, arropadas por una luz anaranjada que hace que asomen sus colores como el primer día, como en el día en que los pintaron. &amp;nbsp;Nuevos olores, sabores nuevos: todo nuevo por un mísero instante en que el alba miserable penetra en este mundo a este lado del planeta; en donde la casa, que está junto a la higuera entre muros pequeños y tan quebradizos que cada invierno con las primeras aguas se desmoronan, parece un animal muerto, gigantesco. &amp;nbsp;Alguna ave de mayor tamaño inicia un brinco de canturreo y, con el batir de sus alas, espanta por un minuto la soledad que parece cebarse sobre esta tierra. &amp;nbsp;Del tejado el vaho, como el aliento de una bestia, gana altura y se mezcla lentamente con la respiración del universo, que ha dejado por todas partes una suerte de bruma que poco a poco se espesa y que el instituto meteorológico dará a la mediodía por las noticias como algo insólito o pintoresco.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Porque hace niebla.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Y cómo la niebla está tan cerrada no podemos ver más allá del principio de la cancela de la huerta. No mucho más abajo, las puntas de las encinas arremolinadas en un bosquecillo que discurre parejo al regato, se transparentan cuajadas de rayos de un sol mortecino y fantasmagórico, sobrecogido por los cantos de los tordos que esperan a que se desentumezca su alimento sobre los surcos a medio laborar todavía. Aunque alguno picotea y se repliega luego, desconfiando, desde la higuera hasta la rama de una encina próxima para mirar con acelerado y receloso gesto la raya que el sol viene trazando por encima de la sierra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Si anduviésemos un poco, seguro que tropezaríamos con los aperos de labranza llenos de oxido y gotas de rocío que el dueño de todo esto no se molestó en recoger el día que, justo ahora, se termina. Porque los días empiezan se se acaban aquí todos a esta hora imprecisa. Y si entrásemos en la casa, descubriríamos que allí aún se vive como hace un par de siglos. Alumbrados por candiles veríamos la lumbre apagada desde hace tanto, los pucheros arrimados a los rescoldos que pertinazmente han sobrevivido a su modo, la pequeña claraboya sin cristales por donde la luz manchada de niebla se va adentrando y hociquea por la casa, haciendo que el tiempo se congele. Porque el tiempo, como el alba a esta hora, se detiene como cansado, y toma aliento, y poco a poco se pone de nuevo en marcha, rengueando. Y con su marcha perezosa llega a rozar las ramas más altas de la higuera, que continúa pensativa bajo las gélidas manos de la bruma entre gotas y gotas de rocío. Las mismas que nos hacen pensar que el intangible cuerpo de esa bestia que no ha sabido ganar altura, se descarga ahora de su peso para que en un par de horas pueda, ya ligera, emprender la huida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pero es otoño. Es otoño y está la vida tan lejos de todo que es casi como si no existiera más que este campo que poco a poco va siendo amanecido, recordado en la mente de un Dios que también, y poco a poco, se despierta. El vaho del mundo repta ladera arriba, hacia Barcarrota, en donde los paisanos, negros, hoscos, han cogido todos sus aperos y marchan en carrefila a sembrar cabizbajos los trozos de un alimento que luego recogerán entre todos también. Cada familia con los suyos. Cada aldeano con sus trastos. Pero no aquí. En esta huerta. Porque aquí nadie recoge nada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Aquí el tiempo se ha parado mientras baja el sol por el tronco de la higuera. Y llega, en un minuto como siglos, hasta las ramas del medio; pero todavía no las sobrepasa. Como con miedo, derrite la escarcha y permanece tiritando luego a impulsos pequeños y recelosos, como si hiciera fuerza el viento para que no llegase más abajo. A cinco pasos los jilgueros, los petirrojos, los mirlos, los herrerillos, como sabiendo, han comenzado ya a desvestirse del agua que envuelve sus plumas, y forman, una aquí y otra allá, al agitar sus cuerpecillos, nubes de una agua prístina que llega hasta la tierra traspasada por el sol después de haber permanecido eternamente suspendida de la mano de la niebla, que es un animal enorme que trepa ladera arriba hasta perderse tras la loma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;También perlada de gotas de rocío, una chaqueta de paño, negra, cuelga incongruente de una de las ramas más bajas de la higuera, que permanece aún como tiritando. Y una soga de cáñamo, tensa y áspera, se balancea de un lado para otro remecida por el viento que aquí no hace nunca, dentro de esta huerta. A dos o tres palmos del suelo renegrido y preñado de lombrices, un cuerpo se balancea atado con firmeza por el cuello a su extremo. Perezoso, el ahorcado se va tiñendo al fin también él todo de naranja. Como el campo. O el rocío. O la mañana. O el corazón de la niebla en la misma punta del alba recortada contra la sierra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sólo que nadie permanece aquí y ahora para verlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;     &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-2988348161853372756?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/2988348161853372756/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=2988348161853372756' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/2988348161853372756'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/2988348161853372756'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/04/amanece.html' title='Amanece'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S8rQmYI3GYI/AAAAAAAAAIY/6vHUzdI6KRA/s72-c/26.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-534471092084504051</id><published>2010-04-03T21:25:00.001+02:00</published><updated>2010-04-03T21:27:23.499+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='breve'/><title type='text'>No lo sé</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S7eWIwZjAPI/AAAAAAAAAIQ/1QUdRmdfW50/s1600/25.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S7eWIwZjAPI/AAAAAAAAAIQ/1QUdRmdfW50/s320/25.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Hacía ya mucho tiempo que caminaba y caminaba, mi amor, que sólo hacía eso. Creo que llevaría más de diez horas en aquella sucia calle, a pesar de que continuaba lloviendo desde por la mañana. De que llovía con fuerza. Y como nunca he tenido paraguas, toda mi ropa la llevaba empapada. Como una sopa.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;La noche, cerrada y cenicienta, me veía pasar de un lado para otro (de eso estoy seguro) como un alma en pena que nunca tendrá un lugar adecuado para resguardarse. Pero de todas formas, aunque lo hubiese tenido no lo habría utilizado porque no disponía de un ánimo tan templado como para pensar en eso por aquel entonces.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Recta y ligeramente cuesta abajo, calle se fue poco a poco también calando de esa agua sucia caída desde lo alto, desde la barrigona cúpula celeste y como manchada de hollín, de modo que el polvo que con anterioridad se había ido depositando por los tejados de las casas (porque había hecho calor últimamente) corría ahora envuelto en plástico y basura por entre las piedras hasta la alcantarilla. No lo sé, pero tenía la impresión de que estaba haciendo el ridículo, puesto que todas las personas con las que me cruzaba mantenían en sus rostros la misma expresión extrañada y de reprobación con que tú me miraste cuando por fin nos encontramos. Y quizá así fuera, mi amor. Quizá no deberían haber visto nunca a una persona como yo, deambulando por la calle a esa hora intempestiva. Con la que estaba cayendo, además. Pero ¿qué importaba? ¿Qué me importaba a mí lo que los demás pensaran, lo que pensaran esas mentes planas que a mi lado iban desfilando como en un vuelo desmañado, acuciadas por las prisas de llegar cuanto antes hasta el portal de sus domicilios? Porque la gente, amor mío, siente un miedo inmemorial y tan antiguo como el mundo hacia las gotas que caen desde lo alto. ¿Qué vamos a hacerle, entonces?&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Sí. Ya lo sé. La calle era larga. La luz apenas era mayor que la que proporcionaría una vela o una cerilla. Por eso no pude verte en un principio. Como yo no sabía que estabas por allí (y para infundirme valor de alguna forma) me dije en voz baja: "no tengas miedo, hombre, que no va a pasarte nada". Pero quizá sabía que eso no era cierto del todo. Quizá presentía que esa noche iba a ser diferente. Pero ¿cómo podía haberlo sabido, sin verte? Eso no era posible. Yo no tengo poderes supranormales. O al menos éstos nunca han llegado a manifestarse hasta la fecha, que yo sepa.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Pero tú estabas en el fondo de la calle, al lado de unos contenedores. Tú sí me estabas observando y yo llegué a tu lado apenas sin fijarme en nada, como un autómata reconcentrado en sus pobres pensamientos de cada día. Sé que me estabas mirando porque cuando te miré llevabas mucho tiempo con los ojos abiertos de esa forma. No me cabe la menor duda: una expresión como la tuya no podía ser casual ni reciente. Una expresión como la que tú tenías entonces era una expresión mantenida desde siempre. O que se mantenía por sí sola desde el principio de los tiempos. Pero no de éstos, mi amor. No. No de éstos días lluviosos e igualitos todos, mi vida. De estos no.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Todavía lo recuerdo: mis pasos resonaban como ahora. Tap tap tap tap tap tap. ¿Te acuerdas?&amp;nbsp; Y poco a poco me estaban aproximando.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Pero no te veía.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Claro que yo no te veía, mi amor. Tú permanecías tapada por un par de cubos y por muchas bolsas de basura repletas de desperdicios, de tal forma que al principio me pareciste uno más entre ellos. Quiero decir uno más de los cubos, mi vida; tú nunca me has parecido un desperdicio, ya lo sabes. Tú ya sabes esas cosas. Me agaché, y, cuando lo hice, te vi allí, entre la mierda, como un excremento más. Pero te recogí, ¿lo recuerdas? Te recogí y te traje conmigo a esta casa. En donde reparada, hinchada, ya de mi no te separas nunca. Nunca.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Muñeca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-534471092084504051?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/534471092084504051/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=534471092084504051' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/534471092084504051'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/534471092084504051'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/04/no-lo-se.html' title='No lo sé'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S7eWIwZjAPI/AAAAAAAAAIQ/1QUdRmdfW50/s72-c/25.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-3349370603229913657</id><published>2010-03-19T19:23:00.000+01:00</published><updated>2010-03-19T19:23:13.181+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='breve'/><title type='text'>Sueño</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S6PAzJXqctI/AAAAAAAAAIE/rVmOf5dZRAQ/s1600-h/23.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S6PAzJXqctI/AAAAAAAAAIE/rVmOf5dZRAQ/s320/23.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Javier estaba durmiendo ahora. Pero muy pronto se despertaría, bajaría las escaleras de su casa a toda prisa porque se había quedado más tiempo de la cuenta en la cama y cogería su automóvil del garaje para dirigirse al trabajo a medio desayunar, con la cara goteante y no del todo bien peinado a causa de las prisas. En veinte minutos tendría que estar frente a su mesa, enfrascado aparentemente en labores que nunca llegarían a entusiasmarle, bajo la atenta mirada de su jefe. Pero antes de subir hasta el despacho, Javier terminaría de peinarse en el aparcamiento de la empresa, o aprovecharía los semáforos para hacerlo. A él nunca se le ocurriría llegar a la oficina como lo hacía a diario el lerdo Pablo, el majadero de Pablito-clavó-un-clavito. Hecho un torbellino, tendrían que comenzar entonces, allí instalado, en su asiento, las labores que nunca se agotaban, los eternos papelotes rengueantes, las desordenadas miradas de reojo a Laurita que, recién pintada, luciría como siempre como un banco en el parque bajo la luz de una farola. Javier aún no lo sabía de cierto, pero luego, una vez concluida la jornada matinal, dejadas de lado por un momento las tareas pendientes que no acababan de acabarse, comería a solas en alguno de los bares que prosperaban frente a la oficina siniestra que todas las mañanas lo atrapaba justo hasta esa hora, y luego, con el último bocado en la garganta, sin tiempo para deglutirlo por completo, correría de nuevo hasta su casilla para sentarse en su puesto frente al ordenador mezquino, al lado de Pablito-clavó-un-clavito, dispuesto para mirar de reojo a Laurita la tarde entera, quien había crecido en estos últimos años una barbaridad, es cierto, pero a esa hora una barbaridad no tan recién ni bien pintada, rimmell corrido, ajustados suéteres de colores, esbozadas braguitas sugerentes, bajo la mirada atenta de su jefe, el mal nacido, que por lo visto jamás tendría otra ocupación que la de encargarse personalmente de vigilar a sus empleados, uno por uno. Y así hasta las seis y media en punto. En el mejor de los casos, a las siete menos diez Javier ya estaría de regreso en casa después de una aburrida jornada de trabajo repetida, no sin antes haber recogido a los niños del colegio. Cenaría a eso de las nueve o nueve y media para acostarse extenuado antes de que dieran las once, sin tiempo para ver cómo termina la película e invadido por un extraño sueño pegajoso que jamás podría sacarse de encima a esa hora. Pero ahora estaba en la cama, soñando incluso después de que el despertador saltara en la mesilla y él, con un acto reflejo, simplemente lo apagara. Y así continuaría otros cinco minutos más como en una nube, sin respuesta, respirando pesadamente al lado de su esposa doña Paula, siempre sin Laurita, casi al lado de Pablito-clavó-un-clavito y bajo la atenta mirada de su jefe, paladeando un café imaginario que en cinco minutos iba a tomarse a toda prisa para bajar las escaleras en un par de saltos  y etcétera, etcétera, etcétera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-3349370603229913657?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/3349370603229913657/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=3349370603229913657' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/3349370603229913657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/3349370603229913657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/03/sueno.html' title='Sueño'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S6PAzJXqctI/AAAAAAAAAIE/rVmOf5dZRAQ/s72-c/23.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-7010687085755158049</id><published>2010-02-22T11:56:00.001+01:00</published><updated>2010-02-22T11:58:03.063+01:00</updated><title type='text'>conocimiento</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S4JismY3sbI/AAAAAAAAAH4/N4vrOIlr9IM/s1600-h/6.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S4JismY3sbI/AAAAAAAAAH4/N4vrOIlr9IM/s320/6.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;("La casa, una sensación de vacío para siempre. La casa, estación de muerte a la orilla del campo. La casa, un río de sangre que corre parejo al mundo en la umbría del bosque, donde ni siquiera llegan los pájaros para cantarle al silencio.")&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Entonces, dejamos el camino a un lado y bajamos en linea recta hasta darnos de bruces con ella. La Casa, tapada por aquellos árboles gigantescos, parecía estar esperándonos como el camino al viajero que tarde o temprano llega a su destino. La casa, la horrible casa desierta, la temible casa a oscuras, muerta, desoladoramente ausente miraba cómo nos aproximábamos, con tanta lentitud que parecía que manteníamos los pies clavados sobre el suelo. Un suelo ceniciento y primigenio, arrebolado por las podridas hojas recién caídas de los arboles entremezcladas con el musgo que se nos pegaba a los zapatos como para impedirnos el movimiento. Casi con saña. Casi como si lo supera.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Yo no quise volver la vista hasta que salimos a uno de los claros que se veían un poco más abajo del regato. No la quise volver, pero sabía que mi acompañante seguía conmigo: sentía su respiración a mi espalda. Tan cerca de la mía que casi llegaban a fundirse en una sola, acompasadas, resollantes. Poco a poco la boca abierta del edificio se definió, más grande y destartalada. Y los primeros escombros a la orilla del portón nos parecieron (al menos a mí sí me lo parecieron) unos cuerpos inertes, cadáveres desmadejados y a medias de sepultar todavía, como si el sepulturero que allí trabajase hubiera sentido de pronto alguna urgencia y hubiese dejado su trabajo inconcluso, para no terminarlo nunca.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Sin proponérnoslo, los dos apretamos un poco más el paso en esa hora imprecisa que precede a la noche cierta y cerrada. Y no miramos más que defrente al pasar por delante de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;aquello&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;. Luego, poco a poco y como por arte de magia, la casa fue quedando a nuestra espalda. Hasta que fue engullida del todo por el ramaje de los árboles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Siempre que atravieso por esta parte me da un brinco el corazón -me aseguró entonces mi amigo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Ya lo sé -le contesté, intranquilo-. A mi también me pasa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Debe de ser por la casa. Tiene algo... &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;raro&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;, diferente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Sólo es una casa en ruinas -le comenté, tratando en vano de calmar mi agitación, que no obstante se atenuaba por sí misma una vez pasado aquel tramo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Eso es lo raro. -Mi amigo miraba ante sí tan fijamente que yo di un pequeño respingo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-¿Qué tiene de raro? -le pregunté aún sabiendo qué era lo que iba a responderme. Quizá pretendía sólo calmarme, aunque eso distaba mucho de ser cierto todavía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Pues que una casa en ruinas nos provoque un espanto tan grande como éste.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-¿Estás asustado?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-¿Tú no lo estás?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;-Sí -reconocí-, lo estoy. Siempre que pasamos por aquí me ocurre lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Ya no dije nada más. Mi amigo tampoco abrió la boca el resto del camino y continuamos avanzando a tientas y con el corazón encogido por el sendero adelante como si temiéramos que de pronto alguien fuera a sorprendernos por la espalda.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;"Debe de ser la casa de un ahorcado", recuerdo que pensé un segundo antes de que saliera La Forma aquella de entre la maleza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-7010687085755158049?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/7010687085755158049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=7010687085755158049' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/7010687085755158049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/7010687085755158049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/02/conocimiento.html' title='conocimiento'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S4JismY3sbI/AAAAAAAAAH4/N4vrOIlr9IM/s72-c/6.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-2860630407869408310</id><published>2010-02-13T13:03:00.001+01:00</published><updated>2010-02-13T13:10:04.043+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><title type='text'>DUDA</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S3aUwCx4bNI/AAAAAAAAAHw/YhxatNBvYqQ/s1600-h/2.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S3aUwCx4bNI/AAAAAAAAAHw/YhxatNBvYqQ/s320/2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Decidí que llegado el día de mi muerte no me echaría atrás. Y decidí, también, que ese día sería el de mi treinta y siete cumpleaños. Ni uno más, ni uno menos. Ese día ha llegado hoy, de modo que me dispongo a rematar los planes que de aquel otro surgieron sin que yo prácticamente interviniera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Dolorido todo el cuerpo, sin casi haber pegado ojo esta maldita noche, ahora, solo en esta habitación, me distraigo rememorando lo sucedido, trayendo a&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;mi cabeza un haz de sensaciones que yo creía olvidadas y que, no obstante, están aquí, conmigo, esperando a que me decida y saque del fondo del armario esa navaja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Sé perfectamente -aunque no quiera acordarme- qué motivó esta decisión en un principio. Pero aunque no lo supiera, aunque lo hubiera olvidado, en mi poder tengo esta especie de contrato en donde se especifica cómo ha de finiquitarse esta cláusula postrera. Implacable. Inimaginable hasta hace tan sólo unas pocas horas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;El reloj del campanario marca mi destino con cada son de esa campana que es casi como si ya me estuviera doblando; doce toques, uno tras otro, hasta que el tiempo se agote. ¿Qué puedo hacer yo entonces, pequeño idiota, alma acabada sin dar comienzo todavía?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;También sé que no arreglaré nada con las dudas que ahora me asaltan. Y sin embargo voy a llevarlo a cabo impulsado por esta fuerza rara que con cada segundo se acentúa. Sé que será lo último que haga, el paso final. Una especie de salto en cumplimiento de unas cláusulas que ya no puedo recordar si se pactaron o no, si fui engañado o engañé. Pero aunque no pueda acordarme, una medianoche como esta, sentado al borde de mi nostalgia divisé este día, este momento. Sólo que nunca creí que los años pasarían tan rápidos. Ahora quizá no lo hubiera hecho, pero no tengo más que verme en mi estado de antaño para darme razones sobradas de por qué entonces sí lo hice. Aunque todas esas razones sean algo que nadie tomaría en consideración precisamente ahora, dadas las actuales circunstancias. ¿Qué me impele a seguir adelante? Ni yo mismo lo sé, pero tengo una navaja. Tal vez pienso, o deseo en mi más ingenuo interior, que no se presentará. Que tal vez a Él se le haya olvidado la cita y no acuda. Pero, entonces, ¿por qué tengo presta la navaja entre mis dedos si no existen los motivos? ¿Porque un hombre es su palabra? ¿Porque una palabra escrita no se evapora? ¿Porque un contrato obliga?  &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Sé que no queda mucho para que se me aparezca quien tiene la obligación de aparecérseme hoy, justo en el momento en que dejen de sonar estas campanas. Este papel que ahora tiembla entre mis dedos, firmado con mi  pulso firme de antaño y manchado con mi sangre, que ha llegado hace un par de días para que pudiera recordarlo, me impulsa. Salvajemente. Nunca creí, repito, que el tiempo pasara tan deprisa; sobre todo cuando la fama hace tanto que ha salido por mi puerta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-2860630407869408310?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/2860630407869408310/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=2860630407869408310' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/2860630407869408310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/2860630407869408310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/02/duda.html' title='DUDA'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S3aUwCx4bNI/AAAAAAAAAHw/YhxatNBvYqQ/s72-c/2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-5748896713469969113</id><published>2010-01-30T11:08:00.002+01:00</published><updated>2010-01-30T11:11:05.583+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='relato'/><title type='text'>Ayer</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S2QE1I-PfZI/AAAAAAAAAHg/1u6C3PmAr0E/s1600-h/ayer.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S2QE1I-PfZI/AAAAAAAAAHg/1u6C3PmAr0E/s320/ayer.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Tuvo que pasar mucho tiempo para que me diera cuenta de que el viento había cesado y de que la palidez de la luna iluminaba una estrecha franja del cuarto, alargando la silueta de los objetos más próximos a la ventana. Desde mi rincón intuí, más que vi, la vaga forma de un espejo; la forma inconcreta de un mueble cualquiera consiguió llenarme de congoja, dejándome la sensación de vacío que aún hoy puedo sentir de vez en cuando. Al tiempo de levantarme, un pesado cenicero se volcó sobre la mesa.  No me preocupé por limpiar nada.  Tampoco quise mirar por encima del hombro cuando atravesé aquella puerta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;La mañana siguiente fue especialmente desagradable en todos sus aspectos. La sensación de fracaso que me inundaba, al mismo tiempo contribuía a desorientarme y a afianzar la pálida melancolía que se iba apoderando de mi persona. De una manera un tanto mecánica entablé de nuevo relaciones forzadas con la vida, ocupándome de los rutinarios quehaceres domésticos con desgana. Tuve con demasiada lucidez la sensación de que, antes de limpiarlo de nuevo, el polvo acumulado sobre los muebles ya lo había visto antes, de una manera idéntica; el simétrico vuelo del ave que cruzó la superficie de un espejo, apenas vislumbrado de reojo en una fracción de segundo, me recordó lo ya sucedido.  No obstante, decidí olvidarlo todo y releí, pues tuve tiempo para ello, un viejo relato de London, que me dejó insatisfecho en medio de esa estúpida sensación que los acontecimientos presentidos dejan por algún tenebroso rincón del inconsciente. Como en un sueño dirigí mis pasos esa jornada repetida, pues poco a poco empecé a darme cuenta de lo que estaba sucediendo. Algo vago como un presentimiento, se hizo al fin hueco en mi pecho. Y comencé a preocuparme.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;A mediodía consumí los mismos alimentos que en la precedente había engullido, sin hambre; bebí los mismos caldos; me derrumbé en la cama de la misma manera desconsolada y cansina; me levanté media hora más tarde, con la misma sensación de ahogo que en la víspera me aprisionó la garganta; las mismas lágrimas bañaron mi rostro entonces, pues sabía con claridad estremecedora a lo que estaba abocado. Decidí salir a la calle y romper la simetría.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Pero no pude hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Una y otra vez regresé a esa puerta cerrada, aunque de sobra sabía que jamás llegaría a franquearla. En mi desesperación, cogí el teléfono; lo colgué sin hacer llamada alguna; volví a la puerta, al teléfono, con el abatimiento del tigre enjaulado, con el abandono de la falta de fuerzas ante lo que se sabe ineludible. Pensé en saltar por la ventana, pero me di cuenta de que ya lo había pensado y de que me iba a resultar del todo imposible hallar una solución no sopesada con anterioridad, en ese cuarto, en esa jaula idéntica de tiempo repetido. Por último me relajé en mi asiento y fui testigo de la caída de la tarde. Era miércoles, veinticinco de enero. Una fría luz difuminada, como corresponde a esa época del año, se agolpaba en la sala. Los muebles en el cuarto se tornaron con el tiempo fantasmales, atenuándose de una manera ilógica, hasta que desapareció por completo su aparente consistencia. Ni siquiera me molesté en dar las luces de la casa. Hacia las doce una fuerte brisa comenzó a sacudir todos los cristales del edificio, haciendo que me estremeciera en el asiento. El fuego no se había encendido en todo el día, y, por lo tanto, el frío se había alojado junto a mi persona.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Supe entonces que jamás alcanzaría las cerillas sobre la repisa de la chimenea; que todos mis actos iban a ser duplicados exactos aquella noche de esa otra; que no me levantaría hasta pasadas las cuatro de la madrugada y que, para entonces, tendría que haber pasado mucho tiempo para que me diera cuenta de que el viento había cesado, y que la palidez de la luna iluminaría una estrecha franja del cuarto alargando la silueta de los objetos más próximos a la ventana.  Desde mi rincón intuiría la vaga forma de un espejo; la forma inconcreta de un mueble cualquiera conseguiría llenarme de congoja, dejándome la sensación de vacío que aún hoy puedo sentir de vez en cuando.  Al tiempo de levantarme, un pesado cenicero se volcaría sobre la mesa.  No me preocuparía por limpiar nada.  Tampoco miraría por encima del hombro, cuando atravesara aquella puerta...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-5748896713469969113?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/5748896713469969113/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=5748896713469969113' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/5748896713469969113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/5748896713469969113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/01/ayer.html' title='Ayer'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S2QE1I-PfZI/AAAAAAAAAHg/1u6C3PmAr0E/s72-c/ayer.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-1759256364639389606</id><published>2010-01-24T21:24:00.001+01:00</published><updated>2010-01-24T21:26:48.373+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='breve'/><title type='text'>La Obra</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S1ysIViUKqI/AAAAAAAAAHY/BJeFowyjnFQ/s1600-h/laobra.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S1ysIViUKqI/AAAAAAAAAHY/BJeFowyjnFQ/s320/laobra.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;Un joven escritor sintió un día la llamada de La Obra definitiva; y la terminó al cabo de tres años de esfuerzo continuado. Pero no quedó satisfecho.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Tardó otros tres años en concluir las segundas correcciones. Durante ese tiempo, la Obra se vio reducida a la mitad de su volumen. Pero tampoco así el joven escritor quedó satisfecho.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Otros tres años transcurrieron.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Y luego otros tres.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Y tres veces tres ciclos de tres años.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Al término de su existencia, el escritor por fin dio por acabada La Obra, la cual constaba entonces de una palabra tan sólo, compendio de una vida entera dedicada al trabajo.&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;La palabra era FIN. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.1cm; text-indent: 0.53cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.1cm; text-indent: 0.53cm;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.1cm; text-indent: 0.53cm;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="JUSTIFY" style="line-height: 150%; margin-bottom: 0cm; margin-top: 0.1cm; text-indent: 0.53cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-1759256364639389606?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/1759256364639389606/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=1759256364639389606' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/1759256364639389606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/1759256364639389606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/01/la-obra.html' title='La Obra'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S1ysIViUKqI/AAAAAAAAAHY/BJeFowyjnFQ/s72-c/laobra.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-107014956349043558</id><published>2010-01-14T12:34:00.003+01:00</published><updated>2010-01-24T21:13:23.150+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Autopista</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S08GOudH1-I/AAAAAAAAAG4/bwmslx78Jis/s1600-h/carretera.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5426562926062852066" src="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S08GOudH1-I/AAAAAAAAAG4/bwmslx78Jis/s320/carretera.jpg" style="cursor: pointer; float: right; height: 212px; margin: 0pt 0pt 10px 10px; width: 320px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Cuando llegué aquella tarde había pasado los ciento cincuenta últimos kilómetros solo ante el volante, y ya no me quedaban ganas de sonreír ni siquiera a mi perra, que desde el vano saltaba pidiéndome algo a lo que se consideraba merecedora indiscutible. Cerré la puerta con el tacón de la bota y me dejé caer en el sillón, bajo el lento giro del ventilador en el techo.  Llegaba sudoroso y hambriento; pero no hice el menor gesto por conseguir algo de lo que se veía comestible encima de la mesa.  Tampoco alcancé el tabaco, que, para mi desgracia, había quedado unos centímetros más allá del largo de mi brazo extendido. Creo que pasaron unos cuantos minutos antes de que aparecieras por la puerta. También creo que no había nadie por la calle, que los pájaros apenas salían de la recalentada sombra de los árboles al fondo y que el agua que traía estaba poco menos que hirviendo, y eso que acababa de adquirirla en la última gasolinera, helada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Encendido en la esquina del cuarto, el televisor apenas dejaba entrever  el lento derrumbe de un edificio, que se caía a cámara lenta como en uno de mis sueños se desploman todos los pilares del sistema, del libre intercambio de mercancías, de personas e ideas, propias o ajenas, lejanas o próximas. Era el último desastre en La India, en donde todos los edificios del mundo se han venido abajo con todos sus ocupantes dentro; y todos los habitantes del mundo nos hemos quedado de piedra  sólo durante esos segundos, tristísimos, en los que lo hemos visto por esa gran ventana entre cucharadas de sopa fría y pan de trigo y postres y jarras de cerveza.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Recuerdo el pegajoso rayo de sol que caía sobre mi panza, la destartalada tela del&lt;/span&gt; &lt;span style="font-size: 85%;"&gt;sillón en donde estaba sentado, el sonido de tus pasos mientras te acercabas, la  sensación terrible, pero certera, de que te estaba soñando cuando te apoyaste sobre mi hombro y noté como se hundía el sofá bajo el peso terrible de tu cuerpo. También (y puede que esto sea lo más doloroso) creo recordar (o recuerdo) tu aliento sobre mi cara cuando me diste aquel beso; tus dientes; tu lengua húmeda y resbaladiza como una serpiente enroscada sobre mí, sobre la conciencia de sentirte aún viva y en mi boca. Sentí el humo de tu cigarrillo, el aroma de tu pelo, la suave gota de licor licuado de tu frente, el desencanto del roce somero, la proyección de tu persona sobre mi cuerpo y tus senos duros en mi espalda, puesto que resbalaste a mi lado desde el respaldo. Cerré los ojos, de eso sí que puedo estar seguro, y dejé que tú siguieras mi camino a la sombra de mi pecho, que comenzaba a subir y a bajar asustado, a un ritmo creciente, con la cadencia de tu lengua resbalando, llegando poco a poco hasta el lugar apropiado. Sentí la succión del deseo, el vaivén de la caricia estudiada, la crepitante sensación de que me estaba corriendo, solitaria figura, sobre la almohada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: 85%;"&gt;Me di la vuelta. No sé como había llegado hasta el cuarto: la ropa revuelta sobre el suelo, el slip enganchado en la cabecera de la cama, tu imaginaria sonrisa sobrevolándome. Recordé el accidente. Recordé tu muerte instantánea; las sirenas; el hospital; los médicos dándome el alta.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family: arial; font-size: 85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-107014956349043558?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/107014956349043558/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=107014956349043558' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/107014956349043558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/107014956349043558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/01/autopista.html' title='Autopista'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/S08GOudH1-I/AAAAAAAAAG4/bwmslx78Jis/s72-c/carretera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-7841950689403013716</id><published>2010-01-01T13:51:00.004+01:00</published><updated>2010-01-24T21:13:45.250+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>A veces me pasa</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Sz3z19lHgsI/AAAAAAAAAGw/eUKnamD1_I0/s1600-h/arbol.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5421757634812805826" src="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Sz3z19lHgsI/AAAAAAAAAGw/eUKnamD1_I0/s320/arbol.jpg" style="cursor: pointer; float: left; height: 320px; margin: 0pt 10px 10px 0pt; width: 240px;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Bajamos de noche tal y como lo habíamos planeado, cuando la luna había desaparecido por completo y en el firmamento sólo se veían tres o cuatro estrellas escuálidas, lo que indicaba ciertamente que muy pronto amanecería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Joan iba delante. Desde donde yo estaba no podía ver más que su roñosa chaqueta, que, por lo gastada que estaba y quizá por lo sucia también, reverberaba fantasmagórica dos o tres pasos más allá avanzando a saltitos rápidos y sigilosos, como si tuviera vida propia. Por detrás de mí andaba sólo Pablo, cerrando la procesión que formábamos como ánimas pobres y desarrapadas. Todos sentíamos hambre. Una feroz hambre que nos perforaba el estómago e impedía que hablásemos siquiera. Lo sé porque de vez en cuando a alguno de nosotros le sonaban las tripas en un gorjeo que no era precisamente el canto temprano de los pájaros, aunque se le asemejara. La pendiente por la que transitábamos no parecía tener final alguno, pero al cabo de no mucho vimos cómo se agrandaba y se definía poco a poco una silueta en medio del calvero que precedía al terreno completamente llano, un poco más abajo. Era la silueta inconfundible de un edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Joan lo descubrió en enseguida y nos lo señaló con un gesto sombrío de la mano, estirando el brazo cuan largo era y diciendo simplemente: "Allí". Los dos miramos a la vez en aquella dirección -que se nos abría ante los ojos atónitos- como dos niños recelosos que no acabaran de creerse lo que sus mayores les cuentan, como si por primera vez viésemos algo real en muchos, muchísimos siglos. Y tal vez así fuera. Luego, los tres nos detuvimos al mismo tiempo para comprobar nuestras navajas; y también al mismo tiempo reemprendimos la marcha esta vez campo a través, semiocultos por la maleza pero sin perder de vista la silueta de aquel edificio que era como si flotase suspendido en el vacío, como sin peso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Fui yo el primero que saltó el cercado de madera; pero, por alguna de esas cosas que a veces me pasan, o tal vez invadido por las dudas o el remordimiento, dejé que los demás se me adelantaran en el último segundo; tampoco tenía realmente prisa por llegar adonde los tres debíamos hacerlo. No obstante, aceleré el paso, agitadísimo, en cuanto me dí cuenta de que me estaba quedando demasiado atrás; y comencé sentir pánico: de la comitiva que como fantasmas conformábamos; de la desalegría de conseguir sólo las migajas de aquella recompensa anunciada; de la evidencia indiscutible de que así resultaba ser yo, de los tres, el más vulnerable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Tal y como alguien nos lo había dicho, la puerta no estaba atrancada. Joan la abrió de golpe, apenas sin hacer ruido, y enseguida nos amenazó: "A ver si ahora se me raja alguno". Lo dijo sin ira en la voz, sin inquina. Quizá lo habíamos hablado ya tantas veces que aquella especie de advertencia resultaba superflua entonces; aunque quizá Joan hacía muy bien al asegurarse del todo, con esas palabras tan escuetas, nuestra lealtad en aquellos momentos críticos. Más, incluso, cuando por el interior de aquella vieja construcción de cemento y ladrillos carcomidos comenzó un alboroto quedo al principio, y más alto después, con el forcejeo, que hizo que nos diésemos más y más prisa. Yo no quise mirar, pero desde la posición que ocupaba junto a la ventana vi perfectamente cómo Joan lo hizo. A sangre fría. Sin que un sólo músculo de su rostro se tensara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;Los tres partimos a la carrera una vez perpetrado aquel acto quizá ruín, dejando tras nuestros pasos un reguero de sangre que enseguida se tragaba la tierra sedienta, empobrecida. Una agitación de bombillas y voces y ladridos se vino con nosotros hasta el principio de la escarpa, entre la maleza; pero poco a poco se fue perdiendo a medida que nos adentramos en el bosque, y ya no vimos más luz ni oímos más sonidos que los de nuestros propios zapatos que regresaban, como por sí mismos y derrotados, hasta la guarida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-family: arial; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt;En donde ya sin pena nos comimos aquel pollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: 85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-7841950689403013716?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/7841950689403013716/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=7841950689403013716' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/7841950689403013716'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/7841950689403013716'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2010/01/veces-me-pasa.html' title='A veces me pasa'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Sz3z19lHgsI/AAAAAAAAAGw/eUKnamD1_I0/s72-c/arbol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-4499568693297908501</id><published>2009-12-24T13:02:00.010+01:00</published><updated>2009-12-24T15:48:20.975+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Amanece</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SzN8keNw28I/AAAAAAAAAGo/8ZxKT3getTM/s1600-h/imagen08.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 236px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SzN8keNw28I/AAAAAAAAAGo/8ZxKT3getTM/s320/imagen08.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5418811742684765122" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Lentamente rasga el sol la punta recortada de la sierra, y una raya de claridad va calando el campo humedecido por el rocío en donde comienzan a resonar los ecos lejanos de las caballerías, del ganado lanar que desespera en el aprisco y de los lastimeros parloteos de los perros famélicos, que es casi como si lo supieran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;  Una higuera solitaria, más abajo de la pared que parte el huerto por el medio y lo secciona en parcelas diminutas luego, cada una sembrada con una cosa, se estremece cargada no de higos, sino de gotitas que perlan su deforme corteza. El sonido a esta hora es como si fuese más límpido, más vibración todo él, esparciéndose por el campo como las ondas en un estanque de aguas transparentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; También húmeda por las miles de lenguas de la mañana, la hierba se observa cana y rala, aplastada, como si hubiese nevado; sólo que no nieva; aquí hace muchos siglos que no lo hace nunca. De tan brillante apenas los dolorosos rayos se posan por doquier relampaguea a trozos, según vayan ganando el campo por arriba.  Sólo las partes a la umbría permanecerán todavía mucho más tiempo como si fuera siempre de noche, sin notar el cambio que a pasos de gigante, pero muy lentamente, está llegando a producirse. Por detrás de la loma, las casas en el pueblo vienen a despertarse todas de golpe; y en los tejados de uralita, tejados pobres, míseros, aparecen las manchas que delatan las goteras.  Las briznas de un humo empobrecido serpentea hasta embalsarse a pocos metros sobre ellos, en donde parece resguardarse de las corrientes de un aire que siempre falta, que no llega nunca. Pero desde esta parcela eso permanece escondido.  Son muchos los kilómetros que separan ésta de esa verdad ahora aunque en realidad no pasen de la docena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Poco a poco también las aves diminutas limpian de sueño su vuelo, arropadas por una luz anaranjada que hace que asomen sus colores como el primer día, como en el día en que los pintaron.  Nuevos olores, sabores nuevos: todo nuevo por un mísero instante en el que el alba miserable penetra en este mundo, a este lado del planeta; en donde la casa, que está junto a la higuera entre muros pequeños y tan quebradizos que cada invierno con las primeras aguas se desmoronan, parece un animal muerto, gigantesco.  Alguna ave de mayor tamaño inicia un brinco de canturreo, y con el batir de sus alas espanta por un minuto la soledad que parece cebarse sobre esta tierra.  Del tejado el vaho, como el aliento de una bestia, gana altura y se mezcla lentamente con la respiración del universo, que ha dejado por todas partes una suerte de bruma que poco a poco se espesa y que el instituto meteorológico dará a la mediodía por las noticias como algo insólito o pintoresco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;span style="font-family:arial;"&gt; Porque hace niebla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Y cómo la niebla está tan cerrada no podemos ver más allá del principio de la cancela de la huerta. No mucho más abajo las puntas de las encinas, arremolinadas en un bosquecillo que discurre parejo al regato, se transparentan cuajadas de rayos de un sol mortecino y fantasmagórico, sobrecogido por los cantos de los tordos que esperan a que se desentumezca su alimento sobre los surcos a medio laborar todavía. Aunque alguno picotea y se repliega luego, desconfiando, desde la higuera hasta la rama de una encina próxima para mirar con gestos acelerados y recelosos la raya que el sol viene trazando por encima de la sierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Si anduviésemos un poco, seguro que tropezaríamos con los aperos de labranza llenos de oxido y gotas de rocío que el dueño de todo esto no se molestó en recoger el día que, justo ahora, se termina. Porque los días empiezan se se acaban aquí todos a esta hora imprecisa. Y si entrásemos en la casa descubriríamos que allí aún se vive como hace un par de siglos. Alumbrados por candiles, veríamos la lumbre apagada desde hace tanto; los pucheros arrimados a los rescoldos que pertinazmente han sobrevivido hasta el alba; la pequeña claraboya sin cristales por donde la luz manchada de niebla se va adentrando y hociquea por la casa, haciendo que el tiempo se congele. Porque el tiempo, como el alba a esa hora, se detiene como cansado y toma aliento, y poco a poco se pone de nuevo en marcha, rengueando. Y con su marcha perezosa, llega a rozar las ramas más altas de la higuera, que continúa pensativa bajo las gélidas manos de la bruma entre gotas y gotas de rocío. Las mismas que nos hacen pensar que el intangible cuerpo de esa bestia que no ha sabido ganar altura, ahora se descarga de su peso para que en un par de horas pueda, ya ligera, emprender la huida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; Pero es otoño. Es otoño y está la vida tan lejos de todo que es casi como si no existiera más que este campo que poco a poco va siendo amanecido, recordado en la mente de un Dios que también, y poco a poco, se despierta. El vaho del mundo repta ladera arriba, hacia Barcarrota por el norte, en donde los paisanos, negros, hoscos, habrán cogido todos sus aperos y marcharán en carrefila a sembrar cabizbajos trozos de un alimento que luego recogerán entre todos. Cada familia con los suyos. Cada aldeano con sus trastos. Pero no aquí. En esta huerta. Porque aquí nadie recoge nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Aquí el tiempo se ha parado mientras baja el sol por el tronco de la higuera y llega en un minuto como siglos hasta las ramas del medio; pero todavía no las sobrepasa. Como con miedo derrite la escarcha y permanece tiritando luego a impulsos pequeños y recelosos, como si hiciera fuerza el viento para que no llegase más abajo. A cinco pasos los jilgueros, los petirrojos, los mirlos, los herrerillos, como sabiendo, han comenzado ya a desvestirse del agua que envuelve sus plumas, y forman, una aquí y otra allá, al agitar sus cuerpecillos, nubes de una agua prístina que llega hasta la tierra traspasada por el sol después de haber permanecido eternamente suspendida de la mano de la niebla, que es un animal enorme que trepa ladera arriba hasta perderse tras la loma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;También perlada de gotas de rocío, una chaqueta de paño negra cuelga incongruente de una de las ramas más bajas de la higuera, que permanece aún como tiritando. Y una soga de cáñamo, tensa y áspera, se balancea de un lado para otro remecida por el viento que aquí no hace nunca  A dos o tres palmos del suelo renegrido y preñado de lombrices, un cuerpo se balancea atado por el cuello a su extremo. Perezoso, el ahorcado se va tiñendo al fin también él de naranja.  Como el campo, o el rocío; o la mañana. O el corazón de la niebla en la misma punta del alba recortada contra la sierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; &lt;span style="font-family:arial;"&gt; Sólo que nadie permanece aquí a esta hora para verlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;   &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-4499568693297908501?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/4499568693297908501/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=4499568693297908501' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/4499568693297908501'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/4499568693297908501'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2009/12/amanece.html' title='Amanece'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SzN8keNw28I/AAAAAAAAAGo/8ZxKT3getTM/s72-c/imagen08.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-4893542802845058449</id><published>2009-12-19T16:44:00.003+01:00</published><updated>2009-12-19T19:45:46.966+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Noelia bajando la escalera</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Sy0ebjQ6xXI/AAAAAAAAAGA/XDM23wuJexE/s1600-h/17.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 263px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Sy0ebjQ6xXI/AAAAAAAAAGA/XDM23wuJexE/s320/17.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417019385468077426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="  FONT-WEIGHT:Normal;font-family:Arial;font-size:10pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se despertó con una pesadez tremenda. Como si su cabeza fuera una bola hecha de cemento. Su primera reacción fué mirar el reloj en el móvil para comprobar que era mucho más temprano de lo que suponía. Desde la calle la luz penetraba tenue por el ventanuco sobre la cama y proyectaba sombras enrarecidas por la pared de enfrente. Eso fué lo que le alertó. Entonces se dió media vuelta para continuar durmiendo pero no tardó mucho en comprender que tendría que levantarse. Y lo hizo de un salto, casi sin trabajo. Como impulsado por una urgencia insoslayable que le impeliera de manera perentoria hacia la cocina. En busca del desayuno.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Café. Tostadas. Un soñoliento ritual  que se repetía cada mañana sin pensar demasiado. Antes, un par de paseos por la casa le habían bastado para caer en la cuenta de que estaba mirando pasar ensimismado el tiempo sin hacer nada en absoluto. Como si él fuera otro. Otros. Como si estuviera viendo todavía una película. Quizá la misma que con toda seguridad había descargado anoche desde peliculasyonkis.com.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La manera en que se conducía le resultaba extraña incluso a él mismo. La forma en que sostenía la taza... Era como... Como si ese brazo no fuera el suyo. Como si se desdoblara, podía verse desde dentro y desde fuera al mismo tiempo. A cámara lenta le despertaron poco a poco los lentos ruidos en la calle. Un devenir de un lado para otro de pasos enfurecidos le indicaron que por fin estaban podando los árboles. Recordó vagamente que alguien se lo dijo la víspera. Creyó oír el crujido extático de una rama antes de que cayera sobre el acerado repleto de gente que añoraba que algo indeterminado ocurriese, algo indeterminado que no obstante nunca se produciría. Aunque quizá fuera ésa otra reminiscencia de alguna sensación experimentada por el protagonista de la peli de anoche. Porque él siempre se levantaba soñando un episodio de lo que veía la noche anterior. A veces era sólo un sonido, o una melodía que a medias se inventaba y que permanecía durante horas yendo y viniendo por el interior de su cabeza. Hoy había amaneció con una frase en mente casi hipnótica.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En realidad era un nombre propio dentro de una frase: "Noelia baja la escalera". Ya sabía que era absurdo y que no tenía sentido. Pero ahí estaba, dándole por culo la jodida frasecita. Y sobre todo el nombre. Noelia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo repitió de manera incesante, como para hacerlo del todo suyo. En realidad no sabía lo qué quería decir aquello de "baja la escalera", pero intuyó que buscarle un significado sería realmente una perdida de tiempo en ese instante. Así que lo dejó estar. Que ella sola -la frase- se fuera diluyendo. Difuminando en el intervalo que pasaría inevitable entre la meada en el váter y el deglutir el café con las tostadas subsiguiente.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Alguien cruzó la calle. Risas. Prisas por llegar a alguna parte. Era tan temprano que se asombró de que hubiera podido siquiera levantase. Sobre todo sabiendo que el día anterior había abierto la botella de "Glen Orchy". 18 años. Lo que no acababa de comprender es por qué coño tenía esos dos vasos en el fregadero. Veía una raya de sol sobre el tejado de su vecino. Eso le indicaba con claridad que serían cerca de las nueve. Se le derramó el café. Las tostadas se le quemaron. La radio zumbaba una amalgama ininteligible como resultado de la mezcla de tres o cuatro emisoras diferentes. Hasta Zapirón, su gato, había salido por patas apenas le había visto el careto esa mañana. "Noelia". ¿Porqué  no se le quitaba ese nombre de la cabeza?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apiló todas las inmundicias que vió sobre mesas y repisas en el fregadero para limpiarlas más adelante. Por el momento todo lo que le preocupaba era salvar la mayor parte de su desayuno. Para lo cual no tuvo más que raspar un poco las tostadas. De paso recogió también todas las migas del suelo y recompuso el aspecto de la cocina. Notó cómo seguían palpitandole las sienes. Como un chirrido molesto, el dolor le taladraba las meninges por la base del cuello hasta el cerebelo. Pensó en la ducha. Arrastrándose, mediodespierto, mediodormido, alcanzó a llegar hasta el arranque de la escalera. Pero una vez allí, otra vez Noelia. Su nombre. Ese nombre que se cimbreó unos segundos en su mente y le sugirió un descenso tibio y a media luz por la escalera, no supo si de su casa. No sabía qué le ocurría ni quién sería Noelia. Pero antes de ascender por los escalones dió media vuelta y reingresó a la cocina. Algo que le daba miedo permanecía allá arriba agazapado.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el salón dos bultos de ropa hecha un lío. La botella de "Glen Orchy", junto a muchas otras de vino barato y de cerveza, permanecía en equilibrio precario al borde del abismo de la mesa. Poco a poco lo fue recordando, pero aún no era Noelia ni bajaba escaleras. Quizás se llamara Rosa, o Isabel. O Begoña. O Luisa. Cualquiera de esos nombres que iría con ella mucho más que el de Noelia. Y sin embargo la recordó bajando la escalera. Para ir a ninguna parte. Sólo para que le trenzara de la mano y él la persiguiera.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero era vago sopor ese recuerdo. Sombra que perdura como la insustancialidad de un perfume en mitad de la calle. Recordado sabor sobre la punta de la lengua. Más allá de la botella, intuyó los desgarradores momentos de la coca. Frenéticos. Quién sabe adónde habrían ido a parar todos sus recuerdos. "Rosa ascendiendo la escalera". ¿Qué más daba? ¿Acaso después de una ducha lleguaría a comprenderlo?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recog¡ó una muda limpia de la cómoda del cuarto y justo entonces pudo verte, preservativo. Eras como una lombricilla atiborrada y tirada contra la pata de una silla. Blanca. Una lombricilla atiborrada y blanca como las sábanas revueltas. Más abajo, y escondida, una prenda íntima tuya, Rosa, o Carmen, o como coño te llamaras, le hizo recordar con trabajo que entre esas cuatro paredes había ocurrido la noche anterior alguna cosa trascendente. Y que nunca más volverían a ser ya los mismos. Aprietó los dientes y se agachó para recoger las ruinas de lo que aparentaba ser un simple polvo. Condón y bragas acabaron en el fondo del mismo sitio en la basura. Una sombra atravesó la ventana entonces. Dios, ¿por qué matas con esos putos dolores de cabeza? Sólo una resaca no puede causar tanto estrago. Presintió, no lo sabía, que a punto estaba de dar con algo. Subió la escalera. Luz. Silencio. Se rueda.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le había costado tanto llegar hasta ti que ahora no sabía como parar el tiempo. Él no era eso que contemplaba. El daño que había causado. Aquella sangre reclamaba su presencia a tu lado. Sin mover un sólo dedo, percibió en su propio cuerpo cada uno de los golpes que tú habías recibido. Tu cráneo abierto era su cráneo. Tus laceraciones le causaron un dolor ininteligible y sólo en ese instante pudo comprenderlo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con un gesto que apenas llegaba para nada más, desconectó la cámara que durante ese tiempo lo había estado filmando todo, Noelia. Rebobinó y entonces te vió en la pequeña pantallita, despacio, muy despacio, bajando la escalera...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-4893542802845058449?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/4893542802845058449/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=4893542802845058449' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/4893542802845058449'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/4893542802845058449'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2009/12/noelia-bajando-la-escalera.html' title='Noelia bajando la escalera'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Sy0ebjQ6xXI/AAAAAAAAAGA/XDM23wuJexE/s72-c/17.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-2449472025834870753</id><published>2009-12-17T23:29:00.007+01:00</published><updated>2009-12-19T19:46:41.933+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='poema'/><title type='text'>Así no se puede</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syq6dfrFI3I/AAAAAAAAAF4/TAG0QlkZgsg/s1600-h/imagen20.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 81px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syq6dfrFI3I/AAAAAAAAAF4/TAG0QlkZgsg/s320/imagen20.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5416346517747606386" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: normal;font-family:Arial;font-size:10pt;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Así no se puede.&lt;br /&gt;En el hospital, paseo de muertos&lt;br /&gt;atados a los goteros. Morfina. Dolor y duelo. Malestar sin número&lt;br /&gt;dosificado con cuentagotas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  muerte es&lt;br /&gt;profunda anestesia.&lt;br /&gt;Sopor pegajoso&lt;br /&gt;en donde dejar de existir&lt;br /&gt;hasta que de pronto recuerdas de este lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agonía aspaventada, resoplido&lt;br /&gt;inerme, tenue y vencido.&lt;br /&gt;A los ojos del alma,&lt;br /&gt;lucha infructuosa y fratricida&lt;br /&gt;con resultado caótico&lt;br /&gt;de células y vacilos,&lt;br /&gt;de placebos y remedios a medias&lt;br /&gt;resultantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el hospital.&lt;br /&gt;Así no se puede.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cura sin&lt;br /&gt;otra cosa que hacer que&lt;br /&gt;morirse otro poco en busca&lt;br /&gt;del resultado perfecto.&lt;br /&gt;Que no llega nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-2449472025834870753?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/2449472025834870753/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=2449472025834870753' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/2449472025834870753'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/2449472025834870753'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2009/12/asi-no-se-puede.html' title='Así no se puede'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syq6dfrFI3I/AAAAAAAAAF4/TAG0QlkZgsg/s72-c/imagen20.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-7562827978877229162</id><published>2009-12-17T20:01:00.008+01:00</published><updated>2010-01-17T23:15:16.769+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='breve'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Accidente</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SyqAmJkrlzI/AAAAAAAAAFw/zWUiN6DVybM/s1600-h/Ebulnes.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 189px; height: 150px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SyqAmJkrlzI/AAAAAAAAAFw/zWUiN6DVybM/s320/Ebulnes.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5416282894759597874" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;La mañana, enorme dentro del mundo, parecía un animal enorme y enroscado sobre sí mismo. Pablo salió del coche tambaleándose y adolorido, pero aparentemente ileso. Caminó un par de metros y enseguida se detuvo. Luego continuó caminando mucho más tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad no le importó verse muerto dentro del vehículo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'courier new';"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'courier new';"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'courier new';"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-7562827978877229162?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/7562827978877229162/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=7562827978877229162' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/7562827978877229162'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/7562827978877229162'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2009/12/accidente.html' title='Accidente'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SyqAmJkrlzI/AAAAAAAAAFw/zWUiN6DVybM/s72-c/Ebulnes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-2566014779361542257</id><published>2009-12-15T20:47:00.003+01:00</published><updated>2009-12-19T19:47:49.480+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Autopista</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syfo3VqMf5I/AAAAAAAAAFU/-U-wn-5I6LQ/s1600-h/imagen000.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 260px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syfo3VqMf5I/AAAAAAAAAFU/-U-wn-5I6LQ/s320/imagen000.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415553114340884370" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Cuando por fin llegué aquella tarde, había pasado los ciento cincuenta últimos kilómetros solo ante el volante, y ya no me quedaban ganas ni de sonreír siquiera a mi perra, que desde el vano saltaba pidiéndome algo a lo que se consideraba merecedora indiscutible.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; ‭ Cerré la puerta con el tacón de la bota y me dejé caer en el sillón, bajo el lento giro del ventilador en el techo. Llegaba sudoroso, cansado y hambriento; pero no hice el menor gesto por conseguir algo de lo que se veía comestible encima de la mesa. Tampoco alcancé el tabaco, que, para mi desgracia, había quedado unos centímetros más allá del largo de mi brazo extendido. Creo que pasaron unos cuantos minutos antes de que aparecieras por la puerta. También creo que no había nadie por la calle, que los pájaros apenas salían de la recalentada sombra de los árboles al fondo y que el agua que traía estaba poco menos que hirviendo, y eso que acababa de adquirirla en la última gasolinera, helada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; Encendido en la esquina del cuarto, el televisor apenas dejaba entrever el lento derrumbe de un edificio, que se caía a cámara lenta como en uno de mis sueños se desploman todos los pilares del sistema, del libre intercambio de mercancías, de personas e ideas, propias o ajenas, lejanas o próximas. Era el último desastre en Turquía, en donde todos los edificios del mundo se han venido abajo con todos sus ocupantes dentro; y todos los habitantes del mundo nos hemos quedado de piedra, sólo durante esos segundos, tristísimos, en los que lo hemos visto por esa gran ventana entre cucharadas de sopa fría y pan de trigo, y postres, y jarras de cerveza. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; Recuerdo el pegajoso rayo de sol que caía sobre mi panza, la destartalada tela del sillón en donde estaba sentado, el sonido de tus pasos mientras te acercabas, la sensación terrible, pero certera, de que te estaba soñando cuando te apoyaste en mi hombro y noté como se hundía el sofá bajo el peso terrible de tu cuerpo. También (y puede que esto sea lo más doloroso) creo recordar (o recuerdo) tu aliento sobre mi cara cuando me diste aquel beso; tus dientes; tu lengua húmeda y resbaladiza como una serpiente enroscada sobre mí, sobre la conciencia de sentirte aún viva y en mi boca. Sentí el humo de tu cigarrillo, el aroma de tu pelo, la suave gota de licor licuado de tu frente, el desencanto del roce somero, la proyección de tu persona sobre mi cuerpo y tus senos duros sobre mi espalda, puesto que resbalaste a mi lado desde el respaldo. Cerré los ojos, de eso sí que puedo estar seguro, y dejé que tú siguieras mi camino, a la sombra de mi pecho, que comenzaba a subir y a bajar asustado, a un ritmo creciente, con la cadencia de tu lengua resbalando, llegando poco a poco hasta el lugar apropiado. Sentí la succión del deseo, el vaivén de la caricia estudiada, la crepitante sensación de que me estaba corriendo, solitaria figura, sobre la almohada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; Me di la vuelta. No sé como había llegado hasta el cuarto: la ropa revuelta sobre el suelo, el slip enganchado en la cabecera de la cama, tu imaginaria sonrisa sobrevolándome. Recordé el accidente. Recordé tu muerte instantánea; las sirenas; el hospital; los médicos dándome el alta. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-2566014779361542257?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/2566014779361542257/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=2566014779361542257' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/2566014779361542257'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/2566014779361542257'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2009/12/autopista.html' title='Autopista'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syfo3VqMf5I/AAAAAAAAAFU/-U-wn-5I6LQ/s72-c/imagen000.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-115887365589721652</id><published>2006-10-25T23:15:00.003+02:00</published><updated>2009-12-19T19:48:16.891+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>Reflexiones</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SyfiB8Qx45I/AAAAAAAAAE8/mhbqsQLI7ZI/s1600-h/imagen060.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 314px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SyfiB8Qx45I/AAAAAAAAAE8/mhbqsQLI7ZI/s320/imagen060.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415545599920563090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/4307/3699/1600/im000488.0.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;REFLEXIONES&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nunca pensé que este instante llegaría; pero la muerte está ahí, fijamente mirando al lado de todas las cosas que hago. Tampoco pensé nunca que llegaría a verme como ahora me veo, distante y solo. Porque esa sensación es la que ahora experimento. Sólo esa sensación terrible. La vida se va, muere y ya no vuelve. El tiempo pasa ahora tan despacio que me parece que no existe. La vida se va, muere y ya no vuelve, nunca más vuelve. Nunca. La vida ya no escucha mis palabras de desaliento, pero podría escribir por ejemplo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; "Un camino baja la pendiente que desemboca en la casa, y es como si regresara de alguna parte siempre acompañado. Porque las hojas de los árboles susurran a su paso versos de amor entre las sombras. Esa casa descansa justo en donde el camino se detiene, y al lado de ella puede verse un pozo. Del pozo cuelga una cuerda. Y de la cuerda, un cubo. Alguien sediento quizá repararía sólo en eso; pero el caminante que ahora desciende por el sendero y se detiene junto a la casa no se fija en esas cosas. Este caminante sólo tiene ojos para sus propios asuntos. Tan sólo presiente sus andares sobre el pavimento de la entrada de la casa. Quieto, observa la luminiscencia que resbala por la rendija que la puerta entreabierta del cuarto proyecta en una esquina, junto a las escaleras que conducen al estudio. Afuera resuena el eco del canto del cuco. Es un canto apagado y lúgubre que es como si se anticipase al decurso de los acontecimientos. Pero el hombre no entra. Permanece aún varios segundos en la misma postura escuchado el resuello que proviene del interior de ese cuarto en penumbra. Por fin se ha dado cuenta. Y con lentitud, como si temiese que se acabara ese instante, da la vuelta y regresa al cabo con algo entre las manos. Creo que todos sabemos de qué objeto de trata. Un paso más y casi llega a rozar la madera con las yemas de los dedos. Un segundo más y puede que se decida, y abra la puerta."&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;   Sí. Yo podría escribir todo eso ahora, si no tuviese algo más importante que decir. O quizá no lo haré nunca porque de pronto he comprendido que esta historia tendría que comenzarse de esta otra forma:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; "El escritor está sentado frente a la mesa y la pantalla del ordenador genera poco a poco las palabras que un instante atrás se han generado en la mente que permanece absorta en el discurrir de los dedos sobre las teclas. En el cuarto, demasiado pequeño y a esa hora tan silencioso, las telarañas por los rincones conforman una suerte de cara imprecisa y desproporcionada, como si una persona se hubiera asomado a una dimensión que le es ajena y por eso mira deforme. De pronto las teclas se han detenido. El escritor enciende un cigarrillo y observa cómo el humo se desvanece en el ambiente enrarecido del cuarto, hecho con insistentes cigarrillos encendidos uno con la colilla del otro, todo el tiempo. La habitación está en la parte más alta de la casa y allí no se oyen los ruidos que provienen del pueblo. Son cerca de las tres de la mañana,  tú ya te habrás acostado. O a la mejor no, a lo mejor te pasa a ti lo mismo. Un reloj percute en alguna parte. Un siseo parece arrastrarse por el aire y de pronto desaparece y no se le vuelve a oír más. El escritor se levanta entonces, nervioso, del asiento en el que ha estado escribiendo todo esto y sale a la terraza. Y aguza el oído con la intención de captar ese sonido leve, si es que éste llegara a producirse de nuevo. Pero nada. Nada parece moverse en ninguna parte. Sólo la noche mira desde lejos cómo el asesino sube tan despacio por la escalera guadaña en mano y se queda por un instante como siglos pendiente de esa puerta entreabierta, en donde escucha como gemidos tenues, silentes. Un ribete de luz se vierte por el suelo y traza una raya de claridad escaleras abajo, que apenas define nada. El camino, frente a la casa, se desanda y regresa ladera arriba hasta perderse de nuevo por donde nunca debería haber regresado. Con la vida tan lejos, que muere y nunca más vuelve."&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;   Y sin embargo, mezquino, aquí sigo. Sentado como el escritor de este cuento esperando a que la muerte venga y no sea sólo este relato. Porque mi vida está tan desierta ahora que sería preferible a ella cualquier otra cosa. Porque no pensé nunca que este instante podría llegar a materializarse. Pero está ahí, lo sé. Mirando fijamente al lado de todas las cosas que no hago. Con su guadaña esperando tras la puerta. Por detrás de absolutamente todas las puertas que abro.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p dir="ltr" style="text-align: justify; margin-bottom: 0.0944in; margin-top: 0in; margin-right: 0in;"&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p dir="ltr" style="text-align: justify; margin-bottom: 0.0944in; margin-top: 0in; margin-right: 0in;"&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p dir="ltr" style="text-align: justify; margin-bottom: 0.0944in; margin-top: 0in; margin-right: 0in;"&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p dir="ltr" style="text-align: justify; margin-bottom: 0.0944in; margin-top: 0in; margin-right: 0in;"&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p dir="ltr" style="text-align: justify; margin-bottom: 0.0944in; margin-top: 0in; margin-right: 0in;"&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p dir="ltr" style="text-align: justify; margin-bottom: 0.0944in; margin-top: 0in; margin-right: 0in;"&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p dir="ltr" style="text-align: justify; margin-bottom: 0.0944in; margin-top: 0in; margin-right: 0in;"&gt;&lt;/p&gt;       &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-115887365589721652?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/115887365589721652/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=115887365589721652' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/115887365589721652'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/115887365589721652'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2006/10/cuento-del-da-reflexiones.html' title='Reflexiones'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SyfiB8Qx45I/AAAAAAAAAE8/mhbqsQLI7ZI/s72-c/imagen060.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-33662121.post-115713278047424279</id><published>2006-10-01T19:37:00.000+02:00</published><updated>2009-12-19T19:50:35.806+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cuento'/><title type='text'>2x2=5</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syfk3Pls8GI/AAAAAAAAAFE/Fuoe2CVLRnA/s1600-h/imagen12.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 222px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syfk3Pls8GI/AAAAAAAAAFE/Fuoe2CVLRnA/s320/imagen12.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415548714664915042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;2x2=5&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:'Nimbus Roman No9 L', 'Times New Roman', serif;font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:'Nimbus Roman No9 L', 'Times New Roman', serif;font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: justify;margin-bottom: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:'Nimbus Roman No9 L', 'Times New Roman', serif;font-size:medium;"&gt;-&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Pero vamos a ver, amigo mío -me dijo el anciano que venía caminando calle abajo justo antes de detenerse por completo y frente a mí  junto al estanco-, no es ésta la primera vez que lo hablamos, pero con respecto a lo que me dijo usted el otro día, no tengo por menos que un disgusto sus aseveraciones.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;El tono que empleaba era jovial, aunque ligeramente ácido, y transmitía la importuna sensación de que me conocía, de que habíamos estado quizá conversando durante mucho, mucho tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;-¿Y cuales eran las aseveraciones? -dejé caer de pronto, distanciándome lo suficiente como para darle a entender en realidad que no me interesaban lo más mínimo, y que ni siquiera podía estar seguro de acordarme de él con la mitad de la viveza y familiaridad que sus ademanes manifestaban.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;-A todas luces, una minucia; pero hace tanto de eso, que seguramente habremos muerto cuando vayamos a encontrarnos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;-¿Cuando vayamos a encontrarnos? -me extrañé.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;-Así es.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;-Pues ¿no estamos los dos ya bien juntos?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;-Eso le parece a usted... pero no es así en absoluto. Mire -me dijo, con un tono en la voz ahora más dulce-, yo vengo por aquella cuesta. Me falta exactamente un cuarto de hora para llegar hasta donde usted va a estar dándole de comer a las palomas. ¿Entiende?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;Me lo quedé mirando. Claro que eso no era algo muy difícil de entender, pero ¿cómo iba a decirle a aquel anciano que se confundía, que ahora estábamos los dos juntos y que todo lo demás no eran sino bobadas, manías de un viejo que quizá pasaba demasiadas horas sin compañía de nadie? Tuve la impresión de que su cara me recordaba ligeramente a alguien conocido. Fue quizá sólo un destello. Entonces miré la empinada calle que mi interlocutor me había señalado un minuto antes con la barbilla. Caminando con dificultad por la acera, distinguí una figura de negro. Fijándome con más detenimiento descubrí que era cierto: el tipo aquel con quien yo había estado hablando hasta entonces descendía con precaución por la cuesta. Miré a mi acompañante. Iba a decirle algo referente a lo familiar que me resultaban él y aquella otra persona. Pero había desaparecido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:Nimbus Roman No9 L,Times New Roman,serif;font-size:130%;"&gt;De pronto sentí la necesidad imperiosa de darle de comer a las palomas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;margin-bottom: 0cm; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-align: justify;margin-bottom: 0cm; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/33662121-115713278047424279?l=elcuentonuestro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/feeds/115713278047424279/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=33662121&amp;postID=115713278047424279' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/115713278047424279'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/33662121/posts/default/115713278047424279'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elcuentonuestro.blogspot.com/2006/09/cuento-del-da-2x25.html' title='2x2=5'/><author><name>EBJ</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05762727597847797573</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/SydymIl-F5I/AAAAAAAAADk/kOYVEB7J5YA/S220/yo.jpeg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_-a_FzqyjW2s/Syfk3Pls8GI/AAAAAAAAAFE/Fuoe2CVLRnA/s72-c/imagen12.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
